, la efectividad de estas inversiones radica en cómo se ejecuten, más que en la cantidad gastada.
En el marco de la revolución tecnológica y de la Inteligencia Artificial (IA), el especialista opina que los países deben priorizar la inversión en
ciberseguridad, pues de lo contrario podrían comprometer datos sensibles relacionados con la identidad, educación, seguridad pública y salud de su población.
“Considerando que, durante 2023, hubo entre 200 mil y 300 mil millones de intentos de ataques en el mundo, es evidente el beneficio de usar inteligencia artificial para protegerse, especialmente cuando las empresas de Perú no están teniendo un buen proceso de manejo de vulnerabilidades. Están dejando muchas puertas abiertas en su infraestructura y de ahí que nuestro país sea el cuarto más atacado en su sistema financiero, porque hay oportunidades e información valiosa”, destaca Mourão.
Según una reciente encuesta global de Gartner,
el 69 % de los empresarios prevé integrar IA en los próximos 12 meses,
47 % ya la usa y sólo el 21 % ya está empezando a conocer sus beneficios, lo que evidencia una creciente tendencia de implementar esta tecnología, aunque, en general, parece más un anhelo que una ruta crítica.
Mourão señala que el uso de la IA en la ciberseguridad trae consigo claros beneficios. De hecho, la International Business Machines Corporation (IBM) calcula que, con la inteligencia artificial aplicada a ciberseguridad, se obtienen respuestas un 34% más rápidas, los costos se pueden reducir en $ 1.8 millones, la prevención de ataques puede aumentar en 85 % y se pueden analizar hasta 54 millones de eventos por segundo, lo que sería imposible en forma manual.
Para concientizar al personal, Mourão destaca la urgencia de incluir la ciberseguridad en el currículo escolar desde etapas tempranas, siguiendo el ejemplo de países como Israel. Esto fomentaría la creación de contraseñas seguras, pues la complejidad de estas puede marcar la diferencia en la seguridad de los sistemas.
Por último, el especialista subraya que las políticas internas de las empresas pueden desempeñar un papel esencial en la mitigación de vulnerabilidades, a menudo sin incurrir en costos adicionales.
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