• JUEVES 2
  • de abril de 2026

Ciencia y Tecnología

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MISIÓN ANÁLOGA GENERARÁ PUBLICACIONES CIENTÍFICAS

Rivaldo Durán: de San Marcos a cueva que simula Marte

El estudiante estuvo aislado por dos semanas en un simulador subterráneo análogo al planeta rojo.


Editor
Sofía Pichihua Vegas

Periodista

spichihua@editoraperu.com.pe


El joven sanmarquino se preparó desde noviembre pasado para superar esta dura prueba a nivel psicológico, físico y académico con comunicación limitada, energía eléctrica solo por horas y aislado del mundo. El sonido de los murciélagos y el goteo del agua eran lo único que lo acompañaba hasta quedarse dormido cada noche.

Rivaldo Durá fue seleccionado el año pasado por la Fundación Acercándote al Universo (FAU) para integrar una misión latinoamericana privada, junto con otras tres jóvenes investigadoras.

Misión exitosa

Hoy, de regreso a su tierra, Huánuco, durante sus vacaciones, conversó con El Peruano para compartir su experiencia que le ha permitido confirmar su sueño de convertirse en astronauta.

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La estación Ares (Ares Station) –una cueva de 1.2 kilómetros de largo y 50 metros de altura en Arredondo, Cantabria– está equipada con laboratorios de investigación, ropa técnica para las diferentes misiones, laboratorio de cultivos hidropónicos, sistemas autónomos de producción de energía y agua, impresoras 3D, un robot explorador, medidores, sensores y otros dispositivos necesarios para el desarrollo de investigaciones científicas.

“Estudié la dinámica de fluidos computacionales (CFD) en un hábitat análogo, es decir, entender cómo se comporta el aire”, dijo.

En los próximos dos meses espera concluir la validación de datos con el software de simulación. Después de ello, deberá redactar el artículo científico y planea postularse a una conferencia internacional.

Momentos clave

Si bien la investigación científica era el objetivo principal de esta misión, el joven estudiante considera que ha salido de la cueva como “un nuevo Rivaldo”. Ya que también tuvo que superar momentos en los que el factor psicológico lo retó.

Uno de los más preocupantes fue cuando la energía eléctrica falló en el interior de la estación análoga, y lo único que podía alumbrar “eran los ojos de los murciélagos”. En ese momento, estuvo encargado temporalmente como comandante, debido a que dos de sus colegas se encontraban en exploración, recogiendo muestras biológicas de la zona.

El temor porque les hubiera pasado algo y no pudieran regresar a salvo, se apoderó de él, pero tenía que actuar. “Es una cueva, cómo se comporta el sonido, dije; pues el sonido puede rebotar en las paredes. 

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Entonces, si emito un sonido bastante considerable, posiblemente me logren escuchar y, si me escuchan, me iban a responder”, pensó.

Silbar. Eso fue lo que hizo de inmediato. Lo más fuerte que pudo. Y hubo respuesta. Al confirmar que estaban bien, siguió el protocolo y esperó. Fueron dos horas hasta que sus colegas de misión retornaron, con algunas heridas leves por caídas.

Cada uno de los desafíos fueron superados, y la dura prueba solo reafirmó su determinación para concluir sus estudios y empezar un posgrado que le permita acercarse al sueño de convertirse en astronauta.

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