• DOMINGO 19
  • de abril de 2026

Central

FOTOGRAFIA

146 años de su natalicio: Pedro Paulet y su apuesta por la era del acero

“Voy si me llevo a Paulet”, dijo Oscar R. Benavides cuando le propusieron ser embajador en Buenos Aires. Era mediados de 1941. 

Desde hacía años, el ingeniero arequipeño Pedro Paulet (1874–1945) proponía una alianza comercial e industrial con Argentina, esta última basada en la administración del acero y el carbón. 


En 1935, acabando su periodo como cónsul en Yokohama, el científico había publicado el libro más completo sobre la economía japonesa, poniendo al Imperio del Sol Naciente como modelo de desarrollo para el Perú. 

Buscaba inaugurar el eje Asia-Pacífico, extendiéndolo hasta Argentina, el mayor importador de productos japoneses en Sudamérica. 


Avión-cohete 
El 10 de octubre de 1927, Argentina había creado la Fábrica Militar de Aviones, tres días después de que Paulet diera a conocer, en un diario limeño, los detalles del avión torpedo, su avión-cohete, ideado a fines del siglo XIX y para el que había fabricado el primer motor-cohete de propelentes líquidos de la historia en el Instituto de Química Aplicada de la Universidad de París.

Ante la inminente derrota en la guerra con Colombia, a inicios de 1933, el gobierno de Benavides inició tratos con el gobierno de Mussolini para importar hidroaviones, necesarios para combatir en la selva. 

En junio, el ingeniero Paulet presentó un proyecto arquitectónico que incluía represar el río Rímac para hacer una laguna para hidroaviones: el aeropuerto desde el que el presidente de la República pudiese volar hacia el teatro de operaciones. 

La guerra no se reanudó y perdimos Leticia, pero el proyecto arquitectónico de Paulet iba más allá: incluía la Gran Diagonal Sudamericana, un tren que uniría el Callao con el puerto de Buenos Aires, dando salida comercial bioceánica a ambos países.

Los tratos del Perú con la fábrica de aviones italiana Caproni condujeron a la creación de la Fábrica Nacional de Aviones, en 1936. Paulet habría presentado entonces su proyecto de aeronave al Ministerio de Aviación. 

Tres años después, Manuel Prado Ugarteche, en un almuerzo ofrecido por los ingenieros del Perú tras su victoria electoral, prometió construir la siderúrgica que el ingeniero Santiago Antúnez de Mayolo, su condiscípulo en San Marcos, había ideado para despegar la industrialización del país. 


La Segunda Independencia 
Paulet escribió que cuando se inaugurase, debíamos celebrar como si fuese la “segunda Independencia del Perú”, convencido de que con aceros especiales nada detendría nuestro progreso. 

Era el punto de apoyo necesario para la sociedad con Argentina y, poniéndola a precios asequibles, atraería a los industriales europeos que huían de la Segunda Guerra Mundial.

Convencido por Oscar R. Benavides para ir a Buenos Aires como consejero comercial de la embajada del Perú, Paulet renunció a la dirección del Departamento Comercial de la Cancillería y a su cátedra de Geografía Económica, en la Pontificia Universidad Católica del Perú, a donde había llegado de la mano de su paisano, Víctor Andrés Belaunde. 

En la PUCP había influido en la obra de quien se reconocería como su discípulo, Javier Pulgar Vidal, autor de “Las ocho regiones naturales del Perú” (1940).


Paulet llego a la Argentina y fue testigo, en noviembre de 1941, de la fundación de la siderúrgica argentina, cuya producción, se esperaba, impulsaría la fabricación de aviones. La unión de la siderúrgica argentina y la peruana formaría un eje poderoso. 

Pero el mes siguiente, el ataque a Pearl Harbor, obligó a Estados Unidos a entrar a la guerra y a presionar a los países latinoamericanos a romper con el Eje. Argentina se resistió. Perú, no. 

En 1943, la siderúrgica peruana se plantó a causa de la guerra; sin embargo, Paulet no perdió las esperanzas: en octubre de ese año, irrumpió la figura de un joven coronel, Juan Domingo Perón, quien para febrero del año siguiente ya era vicepresidente y Ministro de Guerra, así como impulsor de un ambicioso proyecto industrial aeronáutico y otro, menos conocido, astronáutico. 

En abril de 1944, buscando llamar su atención, Paulet dio una entrevista al diario bonaerense Crítica. Ahí se le reconoció como pionero aeroespacial y ahí propuso públicamente forjar la una industria aeronáutica sudamericana. La unión continental.


Muerte súbita 
El general Manuel Savio, padre de la industria militar argentina, estaba interesado en la tecnología de las bombas volantes V2, en verdad motores-cohete, con que el III Reich asoló Europa en la guerra. Pero Paulet murió, sorpresivamente, en la embajada peruana, el 30 de enero de 1945. 

En homenaje a él, el general Edelmiro Farrel decretó que fuese enterrado con el rango de coronel de la Nación Argentina y que se embanderase a media asta todas las instituciones públicas y militares mientras que el diario argentino El Mundo, al anunciar su deceso, reconoció que Paulet había inventado el “precursor de la actual bomba ‘robot’”.

Cinco años después, con la creación de la Comunidad del Carbón y el Acero, Francia y Alemania dieron pie a la Comunidad Económica Europea y a la Unión Europea. En 1970, Francia y Alemania dieron inicio a la industria aeroespacial europea cuando crearon Airbus, empresa que sigue en plena vigencia.


En tiempos en que se ha puesto en evidencia la necesidad de que el Perú desarrolle tecnología propia, cobran mayor actualidad las palabras de Jorge Basadre: 

“Cuando se escriba la historia de las ciencias en el Perú a fines del siglo XIX y comienzos del XX, habrá que dedicar suma atención al ingeniero arequipeño Pedro E. Paulet. Al sostener y probar en 1895 el principio fundamental de que ‘la propulsión vence a la atracción’, apareció Paulet como el autor indiscutible de la retropropulsión. Inventó entonces un motor a reacción”.

A puertas del Bicentenario, toca reivindicar al ingeniero Pedro Paulet Mostajo. (Texto: Álvaro Mejía S., cineasta y miembro correspondiente del Centro de Estudios Histórico-Militares del Perú. Trabaja un documental sobre Paulet).

Lea el editorial de El Peruano