• SÁBADO 11
  • de abril de 2026

Cultural

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Comentario a la película de Netflix: El hoyo

En un ambiente de ciencia ficción apocalíptica se reflexiona sobre las clases sociales


Un chef revisa con minuciosidad los platillos más deliciosos y lujosos que se puedan imaginar de una tropa enorme de meseros.

Pero este glamour desaparece –o más bien, quedan sus migaja– apenas empieza la trama de esta película española.

El hoyo es una cárcel futurista, donde algunos van por delitos variados y otros a voluntad para cumplir propósitos, el protagonista, Goreng (Iván Massagué) quiere dejar de fumar y conseguir un título homologado en lectura del Quijote, por ejemplo.

Lo que encuentra es una cárcel futurista como un sótano interminable con varios pisos.

En cada nivel conviven dos presos. El momento importante es la hora de comida, en la que una plataforma baja los restos que han dejado los pisos superiores.

Cuanto más abajo se esté, menos oportunidad de recibir alimento. Más arriba, la cosa cambia.

Como se pronuncia en la introducción, hay tres tipos de personas: los de arriba, los de abajo y los que caen.

Dar más señas del relato es malograr las sorpresas que depara esta película de gran factura plástica.

Solo basta adelantar que el protagonista –lector del Quijote, al fin y al cabo– pone sus mejores esfuerzos por revertir la mala distribución del alimento, creando momentos de gran tensión.

Es de cierta forma una crítica a teorías económicas que postulan que la mano invisible del mercado puede solucionar los problemas de acceso a la riqueza o también las que ensalzan el clasismo social.

Ficha técnica
El hoyo
Dirige: Galder Gaztelu-Urrutia