• MIÉRCOLES 6
  • de mayo de 2026

Opinión

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Reflexiones

El desamparo aprendido

Manuel Arboccó de los Heros

Psicólogo, educador

El psicólogo Martin Seligman (1942), en los años sesenta, desarrolló un famoso experimento que trabajó en un laboratorio con grupos de perros. 

Si bien a todos se les ponía en una situación dolorosa (recibirían pequeñas descargas eléctricas en el suelo de la jaula), dos de esos tres grupos podían detener la descarga con solo mover una palanca cercana, mas el tercer grupo estaba “indefenso”, nada podía hacer para evitar la situación dolorosa, pues su palanca no funcionaba.

Tiempo después, todos los grupos de canes fueron colocados en lugares de donde podían escapar de los mismos choques eléctricos con solo saltar al otro lado de la jaula. Curiosamente, los perros que habían experimentado las primeras descargas como inevitables no lograron aprender a evitarlas o siquiera a escapar de ellas. Se observó también que se volvían menos activos y disminuía su apetito. Estaban derrotados, diríamos, y seguramente muy estresados por todo el experimento.

Pensemos en todas las implicancias que tiene esta situación psicológica llamada desamparo aprendido (o desesperanza aprendida) en la vida cotidiana, en las aulas de clase y el rendimiento escolar, en los negocios, en el deporte y sus resultados. Es muy humano ya no hacer nada (o no esforzarse de más) cuando estamos convencidos de que ninguna acción nuestra puede servir o ayudar para cambiar las cosas o la situación adversa. Solo queda el abandonarse, rendirse, asumir nuestra “suerte” o “destino” como hemos escuchado decir a no pocas personas; darse rápidamente por vencido, incluso si la tarea no es particularmente difícil, llegando hasta a no “disfrutar” un logro, al considerar que poco tuvimos que ver con este.

Otro concepto propio de la psicología, asociado al de desamparo aprendido, es el de locus de control. Este viene a ser la percepción de las personas del nivel de responsabilidad que tienen sobre su propio actuar y su vida, sobre sus éxitos y sus fracasos; por lo tanto, existe un locus de control interno y uno externo. En el primer caso (locus de control interno), vemos la existencia de un grado significativo y saludable de independencia personal y mayor capacidad de logro. En el segundo caso se supone lo contrario, esto es, pensar que la suerte, el destino, los misterios y hasta los astros o el mismo dios son los que manejan los hilos de todo cuanto nos pasa.

La indefensión aprendida se ha asociado con la depresión, así como con estilos personales caracterizados por el desaliento, la apatía, la desesperanza y la vulnerabilidad. El mismo Seligman (asociado en los últimos años a la corriente llamada psicología positiva), como otros psicólogos, siguen estudiando la cuestión y, últimamente, los neurocientíficos buscan qué ocurre en el cerebro del que ha aprendido a rendirse antes de tiempo.


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