Opinión
Mario Roncal
Director de la Escuela de Administración de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya
La ética, la moral, la justicia, la honestidad y la responsabilidad son valores que pueden resonar trillados para un grupo de nuestra sociedad que parece perder el sentido de lo correcto y que nos lleva al complejo campo del análisis del porqué, del cuándo y cómo se perdieron.
El artículo segundo de nuestra Constitución sobre los derechos fundamentales nos dice: “Toda persona tiene derecho: 1. A la vida, a su identidad, a su integridad moral, psíquica y física y a su libre desarrollo y bienestar. El concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece”. Es así como el primer artículo de nuestra Constitución nos habla muy claro: “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”.
Lo mencionado guarda relación directa con el artículo 13 de la Constitución que nos habla sobre el fin de la educación: el desarrollo integral de la persona humana. Si ello es así, el que más de treinta instituciones no obtengan el licenciamiento universitario porque no cumplen las condiciones básicas de calidad y perjudiquen a más de 165,000 alumnos es un tema muy grave, donde el respeto de la dignidad de nuestros jóvenes ha sido birlado.
El diccionario de la Real Academia Española describe responsabilidad como la “capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente”. El atribuir responsabilidades nos lleva a anteriores análisis muy bien desarrollados por expertos que detallan un sinnúmero de factores por los cuales erogamos una situación que nos rebasa totalmente y que hoy son primera plana a diario de matutinos, revistas y periódicios: el cierre de universidades no licenciadas.
Hablamos solo de 165,000 jóvenes, pero no nos ponemos a pensar en que las empresas u otros organismos tendrán mayor cuidado en emplear profesionales que ostenten los títulos (bachilleratos, licenciaturas, maestrías y doctorados) de las universidades sancionadas, por lo que la cifra de perjudicados aumentaría.
Dónde quedó la responsabilidad de estas casas de estudio ante la sociedad, la ética, la moral y los valores que consolidaban en sus muros, en sus claustros, dónde quedaron retribuidos los esfuerzos de los padres que apostaron por sus hijos para labrar el futuro que defiende nuestra Constitución, dónde quedó el tiempo que les hicieron perder, quién es el beneficiario del dinero que cobraron.
Hoy tenemos un órgano de control que desde hace pocos años marca una nueva etapa en el desarrollo educativo superior; sin embargo, esto no quita que debamos ser conscientes que los que estamos al mando de un aula, de una dirección académica o de una institución, tenemos la obligación y el deber de entender que en nuestras manos está la responsabilidad ética y moral de formar los sueños del futuro del país. Esta responsabilidad es muy grande.
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