Texto Susana Mendoza Sheen
¿En el siglo XXI ser feminista es revolucionario?
–En este siglo es inevitable ser feminista. Creo que después de tantas luchas y avances de los derechos de las mujeres durante el siglo XX, no queda más que tener una apuesta por la igualdad. Con el feminismo articulamos muchas batallas: los derechos de las personas, autonomía de las mujeres, que las personas, en su diversidad, gocen de las mismas oportunidades y beneficios del desarrollo.
–Es una apuesta por una nueva manera de vivir…
–El feminismo busca un cambio en las relaciones humanas, que el derecho a la dignidad sea una práctica cotidiana y no se quede en el discurso. Parto del discurso del derecho, justamente, porque no concibo otra forma de ubicarse en el mundo que no sea siendo sujeto titular de derechos. Siendo una persona, se puede transformar a otras personas.
Violeta Bermúdez Valdivia, exviceministra de la Mujer y Desarrollo Humano, jefa de gabinete de la PCM y directora del Movimiento Manuela Ramos.
–¿En qué la ayudó, como mujer, acercarse al feminismo en los 80?
–Me vinculo al movimiento feminista a mediados de los 80, cuando era estudiante de Derecho. Ingresé al Movimiento Manuela Ramos a practicar el derecho a favor de mujeres populares que tenían problemas de pensión de alimentos, no reconocimiento de sus hijos y violencia. Pero aprendí que proponía un cambio en las relaciones sociales y era una apuesta política.
–Las feministas no lideran la lucha contra la violencia a la mujer, ¿por qué?
–Cuando a inicios de los 80 empezamos a plantear la lucha contra la violencia hacia la mujer y su participación política, no existía ninguna institucionalidad pública a favor de nosotras. No había Ministerio de la Mujer ni Defensoría del Pueblo, había muchos vacíos y no se respondía a nuestras demandas. Me parece muy bien que el Estado lidere esa lucha porque durante años no hizo nada.
–¿Se siente feminista del siglo XXI o de los 80?
–Asumo conscientemente el feminismo a inicios de los 90, cuando me involucro más en el movimiento feminista porque tuve el privilegio de conocer lo que ocurría en el mundo alrededor de la Cuarta Conferencia Internacional de la Mujer, 1995. Su etapa preparatoria se desarrolló dos años antes. Allí participé gracias a una invitación de Virginia Vargas para formar parte de su equipo de asesoras. Fue un momento histórico.
–¿Por qué histórico?
–En esa conferencia se elaboró una plataforma mundial para la igualdad de la mujer gracias a la sistematización de los avances de anteriores conferencias, que empezaron en 1975. Dos décadas después, en Nairobi se produce un encuentro entre diversas culturas y enfoques que logró armar una agenda que aún se mantiene vigente: democracia paritaria, combate contra la violencia, empoderamiento económico de las mujeres.
Lo privado es político
–¿En el siglo XXI continúa vigente la afirmación feminista ‘lo privado es político’?
–Totalmente vigente. Las mujeres hemos salido de las fronteras del hogar, pero cada vez que regresamos tenemos que encargarnos de las tareas del cuidado. No todos desarrollan el trabajo doméstico. Las familias que pueden contratar los servicios de una persona delegan en una mujer (esposa, hija, tía) la responsabilidad de coordinar con ella las labores del hogar. Pero también el cuidado de un adulto mayor y del familiar con discapacidad.
–¿Pero además de lo doméstico, qué se reconoce con ‘lo privado es político’?
–Que se pueden romper barreras, y que el Estado puede resolver problemas que no solo ocurren en un hogar, sino que lo trasciende, como la violencia, pues esta se reproduce y tiene un impacto en la sociedad. Por eso existe un código civil que establece cómo deben ser las relaciones entre marido y mujer. ‘Lo privado es político’ funciona para todos.
–En el discurso feminista no aparecen palabras como amor, solidaridad, tolerancia…
–En la sociedad hay una sobrevaloración de lo masculino, lo fuerte, lo agresivo frente a lo socialmente aceptado como lo femenino. Tal vez, las feministas nos boicoteamos y no levantamos esa forma de ser como un aporte al espacio público y creemos, por ejemplo, que la mujer que habla fuerte ya está preparada para la política.
–¿Crees que la presencia de feministas en el Estado facilitó políticas a favor de las mujeres?
–La presencia de feministas en el Estado le da una orientación diferente. Han armonizado agendas críticas, como la lucha contra la violencia a la mujer. La primera ley se dio en 1993. También han promovido comisiones por la igualdad y paridad en instancias públicas. Pero son logros de las feministas organizadas, y eso hay que destacarlo.
–¿Ha desaparecido el feminismo en el Perú?
–No. Estamos en otro momento del feminismo. A finales de los 80, las organizaciones que existían eran el movimiento feminista. Pero hoy existen mujeres que se adscriben al feminismo, pero no se declaran feministas porque aún existen estereotipos. Las jóvenes están de acuerdo con la igualdad, con el derecho al aborto, con la agenda feminista, la comparten.
–A futuro, ¿cuál es el aporte del feminismo?
–Hablaría de desafíos. El Estado peruano ha proyectado una visión-país al 2050, el movimiento feminista tendría que conocerla para elaborar propuestas que sumen a esa mirada y mejore el Perú para que las relaciones entre hombres y mujeres sean más democráticas.
–¿Qué le dio el feminismo a su vida?
–Me ayudó a valorarme como mujer, y a enfocarme en una opción de vida: luchar por la igualdad. El feminismo me enseñó a ver el mundo de una forma distinta.
Estado y feminismo
“En estas últimas décadas, el Estado asumió su responsabilidad de garantizar la igualdad de género en todos los espacios. Ha reconocido que algo ocurre en la sociedad para que aún se mantenga la segregación contra las mujeres a pesar de que hoy son universitarias, se empeñan en salir adelante, hasta renuncian a la maternidad para realizarse profesionalmente, pero todavía encuentran obstáculos. Es verdad que las políticas públicas tienen un enfoque de protección, por eso el Estado aprobó una política nacional de igualdad de género, pues admite que existe una discriminación estructural y tiene que promover derechos para erradicarla. Las organizaciones feministas podrían participar más activamente en este proceso. Lo hacen en diferentes mesas de trabajo y representando diversas colectividades, pero cuando ocurre un problema crítico se ubican en la acera de enfrente e increpan al Estado. Es rol de la sociedad civil sí, pero podrían cambiar como lo ha hecho el Estado. Su papel puede ser propositivo y de fiscalización social, que ayude a cumplir la política y pida cuentas si se incumple”.
Feminismo del XXI: los hombres también tienen que cambiar
“Hoy en el Perú el movimiento feminista es muy amplio. Veo que las instituciones pioneras del feminismo siguen trabajando coordinadamente, como el Centro Flora Tristán y Manuela Ramos. Sé que existen otras organizaciones, que ya no se llaman colectivos, sino colectivas feministas, como Ni Una Menos. No conozco cómo funcionan, pero a veces en las redes sociales encuentro discursos muy duros de jóvenes que sentencian. Enseño derecho de familia en la universidad a chicas de 18 y 19 años que están superempoderadas, que ya no discuten. Para ellas, su cuerpo es su territorio. Nosotras lo aprendimos. Sin embargo, muchas de ellas dejan que sus enamorados revisen sus celulares o decidan qué ropas deben usar. Lo que falta es que los hombres también cambien. Las feministas pusimos mucho énfasis en las mujeres. Que no cambien ellos genera tensión en la relación”.