• DOMINGO 26
  • de abril de 2026

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Selva ucayalina: Al encuentro de Sepahua


Escribe: Hugo Grández

Para Ruth Castillo, coordinadora de turismo de la municipalidad de Sepahua, es muy común despertar con el parloteo de los loros. Junto a grupos de turistas, a los que suele acompañar en esta aventura, se atrinchera en un lugar que le permite contemplar la primera comida de estos pájaros, tomarles fotos y sentir la satisfacción de entrar en contacto con esta bella muestra de la naturaleza.

Esto puede ser posible en la colpa de loros de Mishaua, ubicada a una hora en bote de Sepahua, uno de los cuatro distritos de la provincia de Atalaya, en el departamento de Ucayali, en la selva del  país.


Por el módico pago de 35 soles, el visitante no solo puede gozar de este espectáculo, sino también de un paquete completo de aventura que se inicia en el puerto del distrito. Un viaje en bote, la llegada y a instalar las carpas. Se hace una fogata, la buena conversa y la noche recién empieza. Un par de horas después, todos se aventurarán a conocer la cueva donde se alimentan animales salvajes. ¿Peligro? No, si es que está acompañado por don Nazario, guía de la zona, quien le advertirá sobre los cuidados que debe tener para que todo salga bien.

Después vendrá el sueño reparador. Pero, a eso de las 5 de la mañana despertará y se acercará con mucho cuidado a la colpa para contemplar el piquetear de cientos de loros que no paran de comer la arcilla que les provee. Es una imagen sin igual, llena de color, movimiento y parloteo de estos plumíferos personajes. Una experiencia inolvidable.


Las siete etnias
Para llegar a Sepahua, la aventura debe empezar en Pucallpa, dice Brenny Bravo, jefe encargado de la imagen institucional de la municipalidad. Allí debe tomar un bote que lo llevará a Atalaya en un viaje que le demandará, en promedio, doce horas de camino. Aquí deberá esperar a la mañana siguiente para tomar otro bote que lo traslade a Sepahua en seis horas aproximadamente. Como debe dormir en Atalaya, puede hacerlo en hospedajes de la zona que los encuentra desde la módica suma de 15 soles.

Al llegar a Sepahua, el visitante tendrá un único encuentro con siete etnias de esta parte del país que pueblan los 28 barrios del distrito. Al caminar por sus calles, se cruzará con yaminahuas, asháninkas, yines, amahuacas, quechuas o andinos, y, en menor medida con nahuas y mashiguengas. 

Todos en un solo lugar
Y si quiere conocer las particularidades de cada etnia, se puede acercar a sus barrios. Por ejemplo, en el barrio Centro América están los yaminahuas. Están a solo tres cuadras de la plaza y junto a ellos podrá ver sus trajes típicos, sus danzas y hasta aprender algunas palabras de su dialecto.

Más allá, en el barrio San Francisco, podrá visitar a don Rodolfo de la etnia de los amahuacas. Él mismo lo recibirá y le enseñará parte del arte de su cultura: coronas, vasijas, telas pintadas y también algo de su idioma. Claro está, en su visita a los barrios, deberá retribuirles con un pago voluntario por el servicio que ofrecen y que enriquecen su experiencia turística. 


Ante a inclemencia del calor, podrá disfrutar de la sombra que le proveen los árboles de almendra de la plaza de Armas, caminar por sus jardines cercados por cucardas o sentarse en sus bancas de madera. ¿Quiere tomarse fotos y subirlas a sus redes sociales, pero no tiene internet? No se preocupe, en la plaza de armas hay wifi gratuito, brindado por el mismo municipio.

En su visita a Sepahua debe llegar de todas maneras a la catarata Doncella Katagiru. Es una caída de agua ubicada a dos horas de camino desde la ciudad. Para llegar, debe tomar un motocar que, después de 20 minutos, lo dejará en el barrio Gavilán. De allí hay que caminar dos horas por un trecho en el que encontrará un sin número de plantas y flores, y, si tiene suerte, tal vez hasta se encuentre con pequeños animales silvestres.


La catarata es una ducha natural de la región, que rompe en un gran pozo donde los más avezados se lanzan para darse un refrescante baño. Los fines de semana es cuando más se visita y son los jóvenes los que más lo hacen. 

Otra buena opción es la quebrada Puletal. Está a una hora de caminata, previo cruce del río Urubamba por un pago de dos soles, es ideal para bañarse, pasear en bote y pescar. 

Sabor y color
En Sepahua, la gastronomía sabe a selva. Como la patarashca o pescado con yuca envuelto en hoja de plátano y llevada al horno hasta que el ahumado esté en su punto; el inchicapi o sopa con carne de monte; el juane con su buena presa de gallina; su tacacho con cecina o su chicharrón de pescado doncella. Para tomar, puede optar por un refresco de cocona, agua de coco, o, si desea algo más fuerte, un masato, que es un trago a base de yuca o arroz.

Textiles y mostacillas
Si se trata de llevar un recuerdo de su visita, la kushma es una vestimenta unisex elaborada por los pobladores. Va desde el cuello hasta los tobillos y es pintada con tintes naturales o tejido con algodón que ellos mismos siembran. Su precio va desde los 100 soles, dependiendo de la talla y la complejidad del dibujo.

Pero también puede optar por mostacillas, que son las pulseras, collares o llaveros hechos con semillas de la zona, como wayruros, mullitos o rosarios. Sus precios varían, pero nunca pasan de los 5 soles. Baratito, nomás. 


Tome nota
El viaje en bote a Atalaya desde Pucallpa puede costarle 150 soles. Y de Atalaya a Sepahua, 50 soles.
 
El aniversario de Sepahua es el 1° de junio.
 
En la fiesta de carnavales que se celebrará los días 28 y 29 de febrero, la municipalidad de Sepahua organizará un festival de artesanía y gastronomía al lado de la plaza de Armas.
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