Opinión
Brenda Silupú
Directora del Centro de Asesoría Microempresarial (CAM) de la UDEP
Una empresa informal es aquella que realiza actividades legítimas, pero que no cumplen con el marco legal. En este contexto, al igual que existen diferentes tipos de emprendedores, también hay diferentes niveles de informalidad y resulta necesario identificarlos para dirigir las políticas que incentiven la formalidad empresarial.
Son tres las dimensiones que se deben tener en cuenta: la individual, en la que se incluyen los aspectos cognitivos del emprendedor; la institucional, en la que los organismos definen las leyes que se deben cumplir; y el nivel de país, en el que la coyuntura económica influye en el desarrollo del sector emprendedor. Teniendo en cuenta este enfoque multidimensional de la informalidad, se debe incentivar la formación de una cultura que incremente la moralidad tributaria de los individuos.
¿Cómo lograrlo? En primer lugar, dada la realidad de las mypes, que muchas de ellas tienen una alta probabilidad al fracaso empresarial, se debe capacitar a los interesados en gestión empresarial e incentivar el correcto control de ingresos y gastos en los negocios. Es importante realizar esta acción con campañas de orientación encabezadas por institutos, universidades e instituciones locales. Además, la Sunat debe ser conocida como una entidad que apoye el desarrollo de la empresa y no solo como un organismo sancionador y recaudador.
Cabe mencionar que hay diversos factores que influyen en el emprendedor que opera en la informalidad y se deben considerar porque son parte del micro, meso y macro entorno institucional. En el entorno micro podemos incluir las características propias del emprendedor y de la empresa, tales como el género, edad, experiencia, educación, aversión al riesgo, ventas, etcétera.
En el entorno meso figuran las instituciones que tienen contacto con el emprendedor, tales como las asociaciones, gremios empresariales, además de las redes sociales y familiares. Mientras que en el entorno macro se hallan las instituciones de regulación y control, los organismos gubernamentales, el entorno político, la corrupción, la burocracia, los impuestos, la falta de justicia y la inseguridad.
Por otro lado, se deben establecer regímenes tributarios que se ajusten a la realidad de la mype, teniendo en cuenta que el primer año de inicio es el más difícil para el emprendedor; por lo tanto, debería ser exonerado de impuestos. El aumento de la base tributaria no es un tema de aumentar o crear más impuestos, sino de aumentar el número de contribuyentes que sean constantes en lo poco o mucho que pueden pagar de impuestos.
Hay que resaltar una labor fundamental del Gobierno: la búsqueda de fuentes de financiamiento que apoyen el sector mype, inyectando capital semilla a los nuevos proyectos. Por último, es medular evaluar el otorgamiento de incentivos a la formalización de los trabajadores, como el acceso a capacitaciones especializadas que se pueden realizar en convenio con instituciones públicas o privadas, en las que el Estado compense estos gastos como deducción de impuestos, con la misma metodología que se tiene en las obras por impuestos; es decir, deberían ser capacitaciones por impuestos.
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