¿El arpa no llora nunca, profesor?, preguntamos a Germán Fuertes Garay, quien nos responde: No llora, pero sufre mucho, porque está vestido del sentimiento andino.
Fuertes fue el organizador del evento que tuvo como objetivo principal juntar en un solo cuerpo a los arpistas nacionales, desperdigados por distintos puntos, pues cada uno ejerce su oficio de manera individual y separada.
“El propósito del Círculo es unirnos. Acabamos de nacer y esta primera presentación es un llamado a los demás para que podamos ser notables como lo son, por ejemplo, los arpistas paraguayos o venezolanos. El Perú tiene un bagaje cultural inmenso, pero por falta de organización no se conoce o se pierde. Da pena ver cómo la música andina es prácticamente desconocida por los jóvenes que se están aficionando a la música comercial, con instrumentos electrónicos que desvirtúan nuestras expresiones autóctonas”.
Canta y el arpa
Fuertes nació en la provincia de Canta y ejerce la docencia en la Escuela Superior de Folklore José María Arguedas con un curso sobre instrumentos andinos.
“Descubrí la belleza del arpa a los doce años, gracias a mi profesor Tomás Torres Mosquito en la Escuela Primaria Valentín Falconí 421 de Canta. Él nos acercó a la dulzura del sonido de sus cuerdas. Desde entonces, tracé mi destino. En la secundaria, en el Gabriel Moreno, esta vocación se consolidó”.
Cuenta que en Canta existen dos estilos de tocar el arpa y corresponden a la división de Canta en izquierda y derecha –quizá como repetición de los Hurin y Hanan incaicos–. Así, en la derecha se ubican los pueblos de Tariamarca, Carhua, Lachaqui, Viscas, que tienen la particularidad de dominar el arpa construida con cuerdas de nylon, otorgándole un sonido muy especial.
“Sus interpretaciones acompañan a la fiesta comunal del toril o rodeo, en julio, para marcar al ganado”.
En la margen izquierda están los pueblos de Quipán, Marco, Huamantanga, que utilizan cuerdas de metal. “Este tipo de arpa es el que marca el ritmo de las danzas durante las celebraciones del Niño Mariscal Chaperito en setiembre”.
Célebres por su manera de tocar el arpa fueron los maestros Chatito Flores, Pánfilo Santos, don Domingo Dávila, quienes dieron cátedra en las famosas herranzas interpretando las legendarias danzas de Los Abuelitos, Los Negritos, Los Huanquitos y tantas más, que atesora la memoria popular de aquellos pueblos.
Sentimiento andino
El arpa, instrumento de cuerdas que nació en Egipto y se paseó por Grecia y posteriormente por el Asia, tiene una antigüedad de 3,500 años. Después de reinar en Europa durante la Edad Media, llegó a nuestro continente para adquirir voz y tonalidades propias. Así, el Paraguay lo adoptó dándole una musicalidad parecida a una cascada, Venezuela la hizo magnífica en sus joropos, el Ecuador le puso ese acento melancólico que tienen sus pasillos y el Perú le dio la personalidad andina de nuestros ancestros. Reconocido arpista en suelo patrio es el maestro Florencio Coronado. Y entre los actuales tenemos a Otoniel Ccayanchira (Ayacucho), Andrés Atocsa (Puquio), Ronny Castillo (Huaral), Jhon Richard (Cora Cora), Saúl Paucar (Huamanga), Javier Campos (Quipán).