• JUEVES 14
  • de mayo de 2026

Opinión

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Acercamientos

Música en las calles de Lima

sergio salas

Abogado, músico criollo

Hace un tiempo, escribí en esta columna sobre la posibilidad de llevar arte a espacios públicos. Normalmente, hemos estado acostumbrados a que cuando escuchábamos algún tipo de música en la calle, esta sea de mala calidad, de personas que cantaban a capella y, muchas veces, no son cantantes ni músicos, y solo lo hacen con la finalidad de ganar algún dinero para el día. Reconozco que a veces voy en el ómnibus y cuando alguien sube a cantar noto que no es profesional. Y es que claro, reza el antiguo prejuicio de que un músico profesional que toca en la calle no tiene categoría, y como vivimos en un mundo de apariencias, será difícil encontrar buena música en las calles limeñas. O por lo menos eso creí.

El fin de semana pasado caminaba por la residencial San Felipe y en uno de sus pasillos, en plena hora del almuerzo, encontré a cinco jóvenes, que con violines, flauta, fagot y un cello estaban tocando el Canon en D mayor, de Johann Pachelbel. Me quedé parado ante este grupo de jóvenes (nueva generación), seguro estudiantes de música que a diferencia de la generación anterior no tiene ningún problema en el “qué dirán” y se ponen de acuerdo para salir y alegrar a los transeúntes con algo de música clásica.

Similar escena me ocurrió nuevamente al salir de un supermercado: otro grupo, esta vez de mujeres, con sus violines, tocaba también música clásica. Era como si me despidieran con buena música luego de hacer algunas compras. Es inevitable no sonreír al escuchar esta música, y más aún en lugares inesperados.

Y es que de un tiempo a esta parte, los jóvenes músicos nos están dando una lección a los que hemos sido criados con la escuela antigua y ponen color a estas grises calles capitalinas, alegran la vida de muchas personas y, por supuesto, crean su propia ventana de difusión. Me explico.

Cada uno de estos grupos, además del estuche del instrumento que utilizan para que los ocasionales oyentes dejen un dinero en aprecio a su arte, tiene unas tarjetas de presentación en las que figuran sus redes sociales y su número de teléfono. En mi caso, estoy seguro de que muy pronto los llamaré porque me encantaría trabajar con ellos en algún proyecto musical criollo. Y así como yo, debe haber varios productores, artistas, músicos con más recorrido que se sentirán atraídos por la buena onda que se percibe de estos muchachos.

Hay tanto arte en el Perú, y mucho de este se encuentra escondido. Los prejuicios y las apariencias han hecho que nos privemos de transmitir arte a quienes más lo necesitan. Esta movida cultural que nace de la propia población debería ser un impulso para que más artistas tomen las calles y nos regalen un poco de alegría en nuestros días cargados de estrés. Siempre he pensado que el arte y el deporte son dos herramientas poderosas para luchar contra la delincuencia adolescente, y con estos ejemplos puede ser que se encienda la chispa para que algunos municipios y autoridades participen también y colaboren en la difusión del arte de estos jóvenes.

Siempre he pensado que si no hay ventanas, tenemos las herramientas para crearlas. Estos jóvenes me lo confirman. Por años, he escuchado en mi rubro quejas sobre el poco apoyo del Estado a la música criolla y que la televisión y la radio no apoyan al género. ¿Y para la música clásica sí hay apoyo? ¿Qué nos hace pensar que por hacer música criolla deberíamos tener un privilegio especial para que se le prefiera por sobre el resto de géneros? Creo que eso es absurdo. Esperar a que nos ayuden y nos sigan ayudando es como pedirle peras al olmo. Mejor nos ponemos manos a la obra y comenzamos a generar ventanas.

Quizá la próxima vez, a la salida de un supermercado, me encuentre a un conjunto de música criolla tocando un vals o una marinera, acercando así nuestra bella música al ciudadano de a pie. Si esto me llegara a suceder, dejo las bolsas y me pongo a tocar o a cantar con ellos. No hay mejor forma de transmitir el arte que compartiendo. A aquellos chicos de la nueva generación les digo: Gracias, muchachos. Están rompiendo prejuicios y nos enseñan algo valioso a muchos músicos: Que sí se puede.

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