Una publicación en redes sociales es en ocasiones el comienzo de una aventura. Ocurrió con un risueño camarón que desde un afiche nos invita a un festival gastronómico al sur de Lima, en el que se ofrecerán manzanas, vinos, piscos e historias para contar.
A la altura del kilómetro 81 de la Panamericana Sur se ubica la playa León Dormido. Allí el bus toma un desvío hacia el distrito de Mala, que adopta el nombre del río que forma un fértil valle. En uno de sus márgenes se ubican los pueblos de San Antonio, Santa Cruz de Flores y Azpitia. Sin embargo, esta vez iremos a conocer la otra margen del río.
Desde el terminal maleño nos dirigimos a la calle Marchand, muy cerca del mercado, donde se halla el paradero a Calango. La carretera ha sido recientemente asfaltada, por lo que los 20 kilómetros que deben recorrer los colectivos para llegar hasta la tierra de la manzana Delicia y los camarones lo hacen en apenas 30 minutos.
A lo largo de la carretera, diversos grupos de ciclistas que vienen desde Lima se cruzan con nosotros; también podemos ver numerosos restaurantes campestres que anuncian como insumo emblemático el sabroso camarón. Al llegar, encontramos la plaza de Armas abarrotada de gente, quioscos armados ocupan dos de sus frentes, con puestos de comida que competirán en el festival gastronómico.
Una glorieta en el centro, el busto del mariscal Andrés Avelino Cáceres, y una simpática iglesia que acoge a la Virgen de la Candelaria, patrona de Calango, son testigos de nuestra presencia en esta calurosa localidad.
Don Albino Chumpitaz tiene 82 años. Desde pequeño, él y sus dos hermanos han vivido en estas tierras. Trabaja en la bodega de su hermana, cultiva uva Italia y produce pisco y vino.
Nos cuenta que la Virgen inicialmente se apareció en las afueras de la ciudad, en un lugar llamado La Cuesta, entre los límites de Chilca y Calango. Ella fue encontrada por tres ganaderos: un chilcano, un maleño y un calanguino. Cuando el chilcano quiso llevarse la Virgen a su pueblo, ese día llovió y el cielo se oscureció; un hecho similar ocurrió cuando el maleño intentó hacer lo mismo. En cambio, cuando el calanguino fue por la Virgen hubo un día soleado y fácilmente pudo hallarla y llevársela para Calango; por eso cada 2 de febrero, día central de la Virgen, numerosas cuadrillas de Mala y Chilca llegan a Calango para celebrar la fiesta.
La alcaldesa Lucía Rodríguez Huambachano, acompañada por sus regidores, nos da la bienvenida frente al local municipal. Está contenta de que la campaña realizada en las redes sociales nos haya traído hasta aquí: “Esta es la primera vez que se organiza un festival del camarón. La idea ha sido, además de promover el turismo, concientizar a la población para que la extracción del camarón se haga sin utilizar tóxicos y sin depredar el recurso”, nos dice.
En Calango, la mayoría de los platos se preparan con camarones provenientes del río Mala. Podemos degustar platillos como tortilla de camarones, chupe de camarones, sudado de camarones, cebiche de camarones, tallarines con camarones y hasta rocoto relleno de camarones.
Otras opciones son la sopa seca, la carapulcra y el arroz con pato. Y siempre encuentras bodegas artesanales con los mejores vinos de uva borgoña y quebranta.
Unos kilómetros más allá de Calango se ubica La Capilla. Este lugar, que es conocido por la enorme gruta natural que era utilizada por los lugareños para descansar y darse sombra, conserva más de una historia para contar. Una de ellas manifiesta que los pobladores se quejaban porque escuchaban voces y les causaba temor.
El 25 de enero de 1971, Federico Uranga mandó a pintar sobre la roca horadada las imágenes de la Virgen de la Candelaria, patrona de Calango, y de san Martín de Porres y san Francisco de Asís, esto debido a la presencia de los franciscanos en este valle desde el siglo XVII.
Entre piscos y vinos
Calango tiene también fama por ser tierra de vinos y piscos. Tienen claro que no solo de camarones y manzanas se vive, así que muchas actividades se han retomado con un nuevo impulso. La tradicional bodega La Candelaria empezó como una hacienda con don Carmelo Spadaro en 1938. Antes, la familia Spadaro había estado por varios años en Pucusana, dedicada a la pesca, pero regresó al valle de Mala para retomar la bodega. Al incendiarse los ambientes originales, Juan, hijo de don Carmelo, construyó el local en el que nos encontramos. A don Juan también le gustaba la pesca y estuvo algunos años pescando merluza en Tumbes, hasta que el precio se abarató y regresó a Calango.
La bodega cultiva su uva, pero también compra y hace el servicio de destilado a otros productores. “Hasta de Lunahuaná vienen a destilar acá”, comenta el hijo de don Juan, quien nos guía por la bodega, nos explica los procesos y nos invita a degustar.
Aquí nos enteramos que la cepa estrella en esta zona es la quebranta y que la bodega de don Juan produce al año 4,000 litros de vino y 2,000 de pisco.
Y así, entre los aromas que invaden el ambiente nos despedimos de esta tierra de buen clima y gente linda. Dejamos esta tierra que baña el río Mala y que es la capital de la manzana Delicia, de sabrosos camarones y del buen vino. Visite Calango, no se arrepentirá.
Tenga en cuenta
El año pasado, el gobierno municipal inauguró un parque temático muy cerca de la famosa roca. En ella está representada la caminata de los chilcanos que vienen a adorar a la Virgen de la Candelaria.
En otro sector aparece la adoración de los antiguos habitantes de esta zona a la piedra de Coyllur Sayana, símbolo de la fertilidad, y en una tercera estampa se aprecia cómo vive el calanguino actual, con la danza de las pallas, apañadores de manzanas y recolectores de camarones.
La Universidad Científica del Sur, en colaboración con la Asociación de Pescadores Artesanales, Extractores de Camarones del Distrito de Calango, desarrolló un proyecto para capacitar a diversos grupos de la población en el uso adecuado y sostenible del recurso camarón y en el cuidado del entorno en el río Mala.
Río limpio
El río Mala es el único de la costa peruana al que se le puede atribuir el membrete de ser ecológicamente limpio. No arrastra ningún relave minero ni de contaminación química y sus aguas bajan del nevado Pariacaca.
Esta característica resalta y garantiza la bondad de sus productos y frutos como manzanas, paltas, pacaes, albaricoques y nísperos.
Calango es la tierra de la manzana delicia. El clima y el terreno permiten tener manzanas durante todo el año, produciendo 150 toneladas de fruto. Cada año se celebra el Festival de la Manzana Delicia, dentro del marco de Aniversario de Creación Política del distrito en el mes de noviembre.
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El @PNUDperu organiza un festival que reúne iniciativas sociales innovadoras lideradas por jóvenes de cara a los desafíos que plantean los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible https://t.co/c8tLXtFvmt