• VIERNES 3
  • de abril de 2026

Opinión

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Los valores del almirante Grau

Se conmemora hoy el 140° aniversario del Combate Naval de Angamos, epopeya en la que el almirante Miguel Grau Seminario se inmoló, junto a un grupo de valientes marinos, en defensa de la patria durante la aciaga Guerra del Pacífico.

La efeméride es útil para rendir homenaje a la figura de Grau y recordar los valores que encauzaron su vida como ciudadano, político y hombre de armas, en momentos en que el Perú demanda ejemplos de grandeza.

La historia ha descrito con justicia las hazañas de Grau durante la Guerra del Salitre. Al mando del legendario monitor Huáscar, defendió con audacia e inteligencia al Perú. A pesar de la superioridad cuantitativa y cualitativa de la escuadra oponente, demostró pericia para asestar golpes contundentes y desestabilizar al enemigo. El levantamiento del bloqueo de Iquique, la captura de buques de transporte, las incursiones en territorio hostil, entre otras maniobras militares dignas de elogio, han quedado como demostraciones de esa destreza en inferioridad de condiciones.

Todas esas hazañas fueron llevadas a cabo con una conducta intachable. Se hizo a la mar con la bravura del hombre de armas que marcha a la guerra en defensa de su bandera, pero no cometió un solo acto ilegal o cruel. No solo respetó las reglas de la guerra sino que demostró humanidad en los momentos más cruentos. Pudiendo hacerlo, nunca atacó a la población civil, desdeñó combatir con buques inferiores, perdonó al Matías Cousiño y fue magnánimo y respetuoso con el vencido, como lo prueba el rescate de los náufragos de la Esmeralda y la admirable carta enviada a la viuda del comandante Arturo Prat.

Su muerte, en el puente de mando del Huáscar, significó el fin de la campaña naval y, en la práctica, el inicio del término de la guerra, pues solo a partir de ese momento el ejército enemigo pudo invadir el territorio nacional, con el triste epílogo para todos conocido.

No obstante, el ejemplo de Grau trasciende el ámbito militar. El insigne marino fue también miembro del Congreso en representación de su natal Piura. Su conducta como político se destacó y quedó para la posteridad cuando rechazó el golpe de Estado de los hermanos Gutiérrez en 1872. Fue uno de los oficiales de la Marina que firmó un pronunciamiento en defensa de la democracia y de condena al atentado contra el orden jurídico.

De igual modo, la faceta del héroe de Angamos como hombre de familia es conocida gracias a las cartas que remitió a su esposa durante la campaña militar, en las cuales expresó el profundo amor que sentía por su familia, en especial por sus hijos, cuya educación se esmeró en asegurar.

El legado más valioso que los peruanos hemos heredado de Grau es su ejemplo. Con propiedad, Jorge Basadre, el historiador nacional más importante, escribió que su gloria “no es solo la del 8 de octubre, sino muchos días y semanas y meses antes, cosa cotidiana, tarea menuda y trabajo sin cesar”.

Ningún elogio será exagerado para él. Necesitamos ciudadanos premunidos de los valores que encarnó el Gran Almirante y, así como Basadre se preguntó qué hubiera sido del Perú en la guerra con Grau al mando de un buque como el Blanco Encalada o el Cochrane, pensemos qué sería del país con personas como él en nuestra clase política.