• DOMINGO 5
  • de abril de 2026

Cultural

FOTOGRAFIA

Delfina Paredes: “La palabra crea imágenes”




José Vadillo Vila

"Tertulia” es del color de la nocturnidad. Delfina Paredes no ha sido afín con los felinos caseros, aunque de joven tenía los ojos gatunos, con los que auscultaba el mundo y sus problemáticas.
Aquí, en su casa de la urbanización Salamanca crecieron sus cuatro hijos. Ahora la acompañan su nieto –el músico del hip hop, Pedro Mo– y la risa de su bisnieta imprime inocencia.
Bajan juntas Delfina, el bastón y Tertulia. En trío y a tempo larghissimo. En la sala, un piano duerme sobre sus teclas de invierno. Hay artesanías de todo el Perú y en un cuartito adjunto descansan diplomas y reconocimientos que dan cuenta de más de sesenta años de carrera. En una pared, cuelgan los apuntes a lápiz que le hizo el pintor polaco-argentino Bernardo Jesiot. Por esas casualidades, el día que recitó por vez primera a César Vallejo, un día de 1972, Jesiot estaba entre los presentes.

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El pasado y el presente se baten como dos gladiadores. “Antes, lo primero para hablar por radio era tener una voz buena. Entendible. Agradable. Eso era. Pero ahora les interesa cuánto van a hincar al que no les viene bien”.
Por el teléfono me advirtió que no hablaría sobre sus datos biográficos. “Ya mucho se ha dicho”. Que nació en Mollendo y se crió en el Cusco. Que declama desde los 2 años. Que estudió química dos veces, pero siempre la sedujo la locución, la actuación.
Le preocupan problemas más cotidianos. Vamos a tener por dos años el tráfico en Ate y Santa Anita por las obras de la Línea 2 del Metro de Lima, y la actriz pide que el Ferrocarril Central se recupere para el servicio de transporte de pasajeros. Que se apoye al activista Koki Zelaya. Lo mismo pide para el Ferrocarril del Sur.


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“Soy actriz. He escrito textos de teatro y un guion de cine, pero, sobre todo, soy ciudadana peruana. Uno tiene que absorber todo lo que está en el entorno nuestro. Si no, no podría ser actriz”.
 “Meche”, uno de sus personajes íconos, es la ciega abuela de la cinta Caídos del cielo (1990), de Francisco Lombardi. La vieja quiere juntar dinero para operarse la vista y trabajar por sus nietos. Paradójicamente, los explota para engordar al marrano ‘Campeón’.
–¡Por Dios, a qué punto llega la desesperación de la gente para ganar aquello con lo que va a sobrevivir!

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Doña Delfina vino del Cusco, donde ya había trabajado en radio y empezó en 1956 a estudiar en la Escuela Nacional de Arte Dramático. En abril de ese año ganó el concurso para hacer locución en Radio Lima.
–Desde entonces, soy una artista que vivo de mi trabajo.
–¿Es una privilegiada?
–Exacto, en este país es un privilegio conseguir trabajo.

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“Micaela Bastidas” fue una de las obras de radioteatro que escribió sobre la esposa de Túpac Amaru. Y el 14 de agosto, en Radio Nacional del Perú, los locutores la revivieron como homenaje a la labor de Delfina en la radiodifusión.
Ella ahora escribe nuevas historias con “Fernanducha” como protagonista, como una forma de devolverle esa niñez aherrojada al hijo de José Gabriel Condorcanqui (La actriz siempre relee la amplia investigación del historiador polaco-argentino Boleslao Lewin, quien reivindicó la figura de Túpac Amaru).
La guerra del Pacífico, en la que su abuelo se unió a las tropas de Cáceres, también es otra de sus pasiones. Ha escrito la crónica de ocho páginas San Juan y Miraflores. 13-15 de enero de 1881, donde reivindica la labor del Brujo de los Andes.


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Desde que “le ha dado las crisis”, y el dolor en sus caderas se agudizó, asiste menos al teatro. El endemoniado tráfico de Lima ya no le permite desde marzo subirse a las combis por las noches rumbo a algún escenario. Pero siempre trata de hacerlo, y recuerda sus 13 años en el grupo Histrión, cuando hacían dos funciones, vermut y noche, en el teatro de La Cabaña.
–Para un artista son importantes las transiciones; es decir, pasar de una emoción a otra. Pero ahora en el cine se ha entronizado que cuanto más pasivo sea el actor, parece mejor. Es una tendencia para que la gente no se detenga a pensar. Y se ha llevado al teatro: en una gran mayoría, hablan como locomotoras, como que la palabra ya no tiene la importancia de antes. Pero para mí, la palabra es la que crea imágenes.

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La otra lucha de Delfina Paredes es que se recupere el teatro Segura. Se lo pide al alcalde de Lima. “Aunque hay muchos teatros en Lima, no hay un teatro con las características excelentes de acústica y de espacio, como el Segura. Lo sé porque hemos montado muchos espectáculos ahí”, explica.
Trabajaba ahí sin micrófono. Detesta esa cosa horrible, la “tripa”, el micrófono que se ha impuesto en las obras teatrales. “Como en la televisión se les ha dado por hablar así, despacito, ahora en el teatro están hablando con la voz baja y nadie les entiende”.
 
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Cumplo 85 años, me dice. Cuando cumplió “por cuarta vez 20 años”, pensando en la vida, se dijo, qué bien si a los 85, ahí nomás, me voy. Que era suficiente, ya había cumplido un ciclo… Mientras estoy así, si todavía puedo hacer algo.
Ya estuvo en julio en San Marcos recitando a Vallejo invitada por los alumnos. “No hay necesidad de hablar de Vallejo, porque todo el mundo habla de él. El tema es leerlo, asumirlo”, aconseja.
Recuerda las tres veces que Georgette, la viuda del poeta, le cerró la puerta en la cara.
–¿Le va a poner música? –le preguntó Georgette la cuarta vez, al pie de la puerta.
Pero Delfina odiaba la melopea –“la música y la poesía tienen su propio ritmo. Y no siempre coinciden”–. No. No podría. Solo lo voy a recitar, le dijo.
–Pasa –dijo Georgette. Presenciaría varias veces, hasta que se murió en 1984, el trabajo de Delfina con los versos de Vallejo. La actriz conserva el collar que la viuda confeccionaba y le regaló.