Opinión
Alejandro Vassilaqui
Jefe de Asesores de CEDRO
Lo que hasta hace poco tiempo era una amenaza menor, en términos cuantitativos, respecto al consumo de drogas ilícitas –especialmente drogas cocaínicas y marihuana–, se está convirtiendo, desgraciadamente, en una potencial catástrofe.
Hacemos mención al problema de la adormidera del opio y de su letal producto, la heroína, que, como se sabe, es una de las drogas más adictivas que conozca la historia de la humanidad.
En el último semestre del 2018, la Policía hizo algunas significativas incautaciones: 126 litros de látex de opio en Cajamarca y 2,900 kilos en Piura, que se sabe serían trasladados, en su mayor parte, a países limítrofes para su conversión en heroína. Sin embargo, ya se han hecho también algunas incautaciones de heroína, lo que nos alerta de la posibilidad de que dicha droga se produzca y consuma en el Perú.
El estudio de Cedro sobre consumo de drogas del 2017 muestra que alrededor de 0.17% de peruanos en sectores urbanos consumieron heroína por lo menos una vez en su vida, sobre todo en el extranjero. Estos serían especialmente hombres, mayores de 40 años y más en Lima que en provincias. Es una cifra aún reducida, pero con potencial de crecimiento.
En el Perú tendríamos entre 600 y 800 hectáreas con cultivos de amapola del opio, ubicadas en Cajamarca, Amazonas, Huánuco e incluso en el Vraem; generalmente en pequeñas plantaciones, en zonas altas y con nubosidad constante, lo que las hace muy difíciles de detectar.
En cuanto a la amapola del opio, debemos estar prevenidos frente al subterfugio de la “culturalidad”, pues no se trata de un cultivo con hábito de consumo dentro de la cultura andina, como la hoja de coca, cuyo consumo tradicional y las zonas que lo satisfacen si están protegidos. El cultivo de amapola del opio y el látex del opio que se extrae de ella está penalizado en el Perú.
Existe entonces una alta probabilidad de que las redes de microtráfico local, en un futuro cercano, comiencen a ampliarse para ya no solo ofrecer la mortal pasta básica de cocaína, el clorhidrato de cocaína y la “inocente” marihuana, sino que también sumen a su portafolio a la heroína, con todas las graves consecuencias a ella asociadas.
Los bienes incautados por esta actividad en virtud de sentencia judicial firme pasarán al Ministerio de Agricultura para su posterior adjudicación. Tratándose de terrenos, la adjudicación se hará preferentemente a favor de los campesinos sin tierra. Asimismo, está establecido que quien ejecuta actos de cultivo, promoción, facilitación o financiación de plantaciones de amapola del opio será reprimido con pena privativa de la libertad no menor de ocho ni mayor de quince años (Ley N° 26332). Hasta donde se sabe, estas confiscaciones se han efectuado esporádicamente, por lo que los cultivadores de esta planta deben creer que solo se erradicarán sus cultivos, pero que no se les aplicará la ley en su totalidad.
Más allá de la gravedad del consumo de heroína, este es uno de los factores más importantes en la transmisión de enfermedades como el VIH o la hepatitis, pues los dependientes tienen el hábito de compartir las jeringuillas con las que se inyectan la droga.
Si se confirman las cifras de consumo “alguna vez en la vida” y sabiendo que aproximadamente el 16% de usuarios nuevos caerá en la adicción, podría haber en un futuro cercano muchas personas adictas a la heroína en el país, para quienes ciertamente no existe ningún esquema de tratamiento y rehabilitación. Ello, añadido a los más de 150,000 adictos a las drogas cocaínicas y marihuana, significa un gravísimo problema de salud pública, de violencia, de intranquilidad ciudadana y de dolor en las familias peruanas.
Toca, pues, enfrentar este gravísimo problema y prevenir lo que nos llevaría a una realidad catastrófica.