• VIERNES 3
  • de abril de 2026

Central

FOTOGRAFIA
Innovación agraria

Maíz de altura

José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Ni en sus sueños más quiméricos, la señora Orfila Abanto Paredes pensó que un día en su tierra, Ichocán, provincia de San Marcos, Cajamarca, fuera a cosechar el maíz morado.

Siempre creyó que esa semilla con el color del Cristo de octubre era exclusiva de los valles interandinos, de las zonas más bajas. Jamás de Ichocán, que se sitúa sobre los 2,500 metros sobre el nivel del mar, y produce maíces blanco y amarillo desde el tiempo en que los bichoznos andaban en pañales.

Hasta que los integrantes de la Asociación de Productores Agropecuarios Shicomumi-Ichocán empezaron a trabajar con granos púrpura desarrollados por el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA).

Manejando el grano

Primero, los paisanos de Zoila Augusta Emperatriz Chávarri (la mundializada cantante de coloratura Yma Súmac) desconfiaron en darle un espacio en sus parcelas al grano con el color favorito de la realeza.

Los productores albergaron seis variedades de maíz morado y los investigadores del INIA les enseñaron a preparar el terreno, a sembrar y abonar. Llegaban cada cierto tiempo para analizar los suelos, evaluar el rendimiento y la concentración de antocianinas del maíz purpúreo. Finalmente, de las seis variedades se impuso la INIA 601.

Ahora, la señora Orfila y la veintena de productores de Shicomumi, que pertenecen a cuatro de los siete caseríos de Ichocán, andan sobrados y miran sobre el hombro el maíz cárdeno producido en climas más benignos. El suyo, de lejos, rinde más. Y no tiene soroche.

Ficha técnica

“Se llama INIA 601 y es una variedad mejorada de maíz morado obtenida por un equipo de investigadores del INIA de la región Cajamarca, y es para zonas de 2,000 metros sobre el nivel del mar hacia arriba”.

La ingeniera Alicia Medina Hoyos es la investigadora responsable del proyecto, que empezó a trabajarse “antes del 2000”, por el INIA de Cajamarca. En total, seis investigadores trabajaron en el INIA 601. Hoy, dos del INIA Cajamarca continúan el frente del proyecto.

Si bien en las provincias de San Marcos y Cajamarca hay antecedentes de la presencia de este maíz pintado, cuenta que los investigadores optaron por empezar el proyecto en Ichocán, a dos horas de la capital cajacha, porque se trata de un distrito con mayores condiciones de pobreza y clima de los más adversos en ambas provincias.

Abrir la tierra

En el 2014 empezaron los ensayos sobre los 3,000 m. s. n. m. En el proyecto para “difundir” la siembra del maíz morado en altura, además del INIA Cajamarca, se involucraron también la región Cajamarca, los gobiernos locales y la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA).

En las tierras de altura, la semilla mejorada demostró que da un maíz recio. Empezó a adaptarse a una tierra donde sus agricultores solo trabajan “al secano”, que manejan sus cultivos exclusivamente cuando Dios se acuerda de ellos y les envía la lluvia.

Allá, INIA 601 tiene que soportar condiciones climáticas adversas, como las heladas y las sequías. “Son zonas de alto riesgo porque cuando deja de llover se pone en riesgo la producción”, recuerda Medina, la única especialista mujer en maíz amiláceo en el Perú.

Moradito rendidor

“Las variedades que los productores tienen en Cajamarca son de muy bajo rendimiento. Si hablamos de los maíces amiláceos o de consumo, en los últimos 20 años el promedio es de una tonelada [de producción por hectárea]”, dice la ingeniera, con 27 años de investigadora.

La primera vez que el maíz con el número 601 tatuado en el endospermo se sembró en las tierras de Ichocán empezó produciendo tonelada y media. Luego fue aumentando su producción. Ahora, tras tres campañas, rinde “en promedio” 5.2 toneladas por hectárea.

“Significa que tenemos rendimientos superiores a las 10 toneladas. De las seis variedades que sembramos en siete pisos ecológicos, la INIA 601 es la que mejor rendimiento nos dio”, hincha el pecho la ingeniera. “Estamos demostrando con la INIA 601 que es posible producir sobre los 3,000 metros”.

Pinta más

Ahora, los productores venden en conjunto el maíz morado ya cosechado gracias al proyecto firmado con una empresa de Lima y el JICA; otra de las seis asociaciones realiza un procesamiento primario del producto (pica y seca las corontas).

Y es producto bondadoso, me jura la señora Abanto: cuando se pone a hervir como refresco “pinta más” que el maíz canteño (el más popular de los maíces morados entre los agricultores del país). Y eso que en Ichocán faltan precipitaciones, de lo contrario, jura doña Orfila, no sembrarían una, sino dos veces al año. Para la ingeniera Medina, la exportación aún está en un futuro porque estamos hablando de la producción en pequeñas áreas. Falta la producción masiva, y de ahí, el mundo se pintará de morado.

5.2  Toneladas por hectárea produce, en promedio, la variedad INIA 601.