Opinión
José Vargas Sifuentes
Periodista
Lo llamaban ‘Scotty’ (‘escocés’) y su pasión por la arqueología lo condujo a descubrir la cueva de Pikimachay, ubicada a 12 kilómetros al norte de la ciudad de Ayacucho, y le permitió elaborar varias teorías concernientes a los antiguos cazadores y recolectores, la génesis de la agricultura (especialmente la domesticación del maíz) y el origen de la vida sedentaria en esa región.
Si bien algunas de esas teorías crearon controversia, en particular la relacionada con la antigüedad de los primeros pobladores de la región, se le recuerda porque emprendió, impulsó y estimuló a los especialistas a prestar atención a estos temas y se convirtió en pionero en algunos métodos de investigación y análisis al resaltar la importancia de los trabajos interdisciplinarios.
MacNeish fue uno de los más grandes exponentes en la investigación arqueológica, cuyos trabajos científicos siguen inspirando a las nuevas generaciones de arqueólogos; su legado es reconocido y elogiado en todos los países que visitó por sus contribuciones a la ciencia, la arqueología y el estudio de los alimentos primigenios en la época prehistórica.
Hijo de un académico fundador de la Universidad de Princeton, se doctoró en 1949 en la Universidad de Chicago y por muchos años dirigió la Robert S. Peabody Foundation for Archaeology, en Massachusetts. Fue profesor en la Universidad de Boston; integró la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y de la Academia Británica de Ciencias; recibió el Premio Fryxell de la Society for American Archaeology; estableció la Fundación Andover para la Investigación Arqueológica, y recibió numerosas distinciones, entre ellas de la Universidad San Cristóbal de Huamanga y de la Universidad Simon Fraser en Columbia, Canadá, además de recibir una beca Guggenheim.
Sobre el Perú, sus trabajos están íntimamente asociados con la arqueología del valle de Ayacucho. Entre 1967 y 1970, dirigió el Proyecto Arqueológico-Botánico Ayacucho-Huanta, un estudio interdisciplinario que continúa siendo el único en su género hasta nuestros días, pues por primera vez en la historia de la arqueología peruana varios especialistas se unieron para investigar la antigüedad del poblamiento de los Andes.
Los trabajos realizados en esos años por MacNeish convirtieron a Ayacucho en uno de los valles peruanos intensamente estudiados, con más de 600 sitios ubicados y una secuencia estratigráfica desde el pleistoceno tardío hasta la conquista española, según informe de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
En una de sus tantas publicaciones, MacNeish relata el descubrimiento –en julio de 1967– del sitio Pikimachay, en compañía de Roger Ravines Sánchez, quien en la década de 1970 sería jefe de investigaciones del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú. (El arqueólogo peruano lo salvó de ser arrastrado por el río al caer accidentalmente en uno de sus viajes de exploración).
Las excavaciones hechas en esa cueva revelarían evidencias de ocupación que MacNeish interpretó de larga data, hasta 23,000 años a. C. y denominó Fase Pacaycasa.
Los fechados obtenidos con carbono 14 dieron como fecha más antigua 18,000 años. El análisis y estudio a partir de estos restos posibilitó la elaboración de una secuencia cultural que llegó hasta los 12,750 a. C. como época más reciente, lo que hizo que se cuestionara la cronología elaborada por MacNeish.
En Pikimachay y Jaywamachay (16 km al este de Ayacucho) se encontraron piezas con una antigüedad de 12,000 años a. C., entre ellos restos fósiles de animales extintos como tigres de cueva, mastodontes, camélidos, caballos y perezosos gigantes; así como la mandíbula de un niño, falanges, un radio y costillas.
Las excavaciones permitieron, además, hallar restos alimenticios, instrumentos líticos, semillas de una variedad de plantas entonces silvestres (maíz, calabaza, ají, achiote), e inferir que los primeros habitantes de la región fueron grupos humanos nómades del período de cazadores y recolectores. Robert MacNeish falleció el 16 de enero de 2001 a los 82 años, a consecuencia de un accidente automovilístico cuando recorría las ruinas mayas de Belice.