Opinión
Luis Enrique Cam
Documentalista
Víctor Andrés Belaunde y la síntesis viviente es el título del reciente libro publicado por el Fondo Editorial del Congreso y escrito por Martín Santiváñez Vivanco, quien se ha convertido –con este concienzudo trabajo– en el mayor estudioso contemporáneo del pensamiento de este prohombre de la patria.
Víctor Andrés Belaunde Diez Canseco nació en Arequipa en 1883, en tiempos de la ocupación chilena. Con el cambio de siglo, tuvo que viajar a Lima por la injusta reclusión de su padre en la cárcel de Guadalupe y continuó sus estudios en la Universidad de San Marcos, donde sería luego catedrático. Llevó siempre en su corazón los gratos recuerdos de la Ciudad Blanca, y sufrió de la llamada “nostalgia arequipeña”, que es esa sutil melancolía por estar alejado de la señorial ciudad. Belaunde evocaría en la distancia: “En el panorama peruano, Arequipa tiene el carácter de ciudad síntesis. Es serrana por la geografía y es costeña desde el punto de vista étnico y social. Ella representa la unión entre costa y sierra; entre el blanco, el mestizo y el aborigen”.
De su temprana formación conservadora militó luego en el radicalismo liberal, de moda en el Novecientos, regresando al catolicismo tras una larga búsqueda de la verdad. En 1903 ingresó a la carrera diplomática. Sería el inicio de una encumbrada carrera que tendría como pináculo la presidencia de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Son memorables sus reflexiones sobre la nación y el mestizaje del Perú junto con José Carlos Mariátegui. Fruto del diálogo con este otro gran pensador del Perú, publicó por entregas en la revista Mercurio Peruano, que él mismo fundara, el libro La realidad nacional (1931), como respuesta a los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928) del Amauta.
Para Belaunde, la peruanidad es la unión indestructible, “la síntesis viviente” de dos grandes culturas: la hispánica y la indígena, que tiene a la ética cristiana como elemento integrador de toda la gama de clases sociales. De esta síntesis surgiría una nueva cultura inclusiva: la mestiza. Este sería el elemento sustancial de su pensamiento y doctrina, claramente opuesto a las tesis imperialistas o indigenistas.
Alertó de la amenaza de ideologías extranjeras que tratan de alienar a la sociedad peruana. A este fantasma lo llamaría “anatopismo”, que es la inclinación de nuestra clase política y dirigente a aceptar lo foráneo solo porque está de moda. Aceptar sin analizar.
Belaunde propone el retorno a los valores cristianos como garantía de una convivencia pacífica y de fortalecimiento de la identidad peruana para enfrentar a los factores desintegradores de la sociedad. Desviaciones de esta “síntesis viviente” serían el positivismo, el cientificismo y, principalmente en el siglo XX, el marxismo. En tiempos de crisis de referentes morales y sonambulismo político, la presencia y el pensamiento de Víctor Andrés Belaunde deben estar más vivos que nunca.