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José Abelardo Quiñones Gonzales nació el 22 de abril de hace 105 años, en el puerto de Pimentel (Lambayeque). Fue el tercero de cuatro hijos del matrimonio de José María Quiñones y María Juana Rosa Gonzales.
Sus primeros años fueron contagiados por la naturaleza del paisaje norteño y la fantasía propia de un niño intrépido criado con valores, principios y virtudes heredados de una familia conservadora.
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Hombres del aire. Integrantes de la Escuadrilla de Caza 41, a la que perteneció el futuro héroe (derecha), frente a un avión Torito.
Aviador por vocación, hizo su sueño más profundo realidad al integrarse a la gran familia aviadora en 1935, como integrante de la promoción Comandante CAP José Lucas Raguz Verán, junto con otros 11 jóvenes que serían sus más fieles aliados y testigos de su templanza. Sus “hermanos de promoción”, sus camaradas de “raza aeronáutica” lo acompañarían hasta 1938, en la Escuela Central de Aeronáutica Jorge Chávez de Las Palmas.
Dotado de una gran destreza de aviador, el futuro héroe realiza diversas proezas, como la habilidad para los deportes con buen rendimiento; el análisis de terrenos y confección de cartas de navegación; la redacción de inspirados poemas y relatos mágicos con verbo juvenil, talento que se aprecia en las cartas dirigidas a sus amigos, siempre campechano, sincero e íntegro; pero su don más preciado fue su destreza para el vuelo, que lo llevaría a convertirse en piloto-aviador.
Destino de héroe
Quiñones es sinónimo de conquistas en las alturas. Lo aprendió de las memorias y las lecciones de coraje de Jorge Chávez Dartnell, a quien le tenía una gran admiración y respeto por ser el paradigma de toda la Aviación Nacional y Patrono de la Escuela de Aeronáutica. De los ejemplos de Chávez y de los aviadores que lo precedieron, Quiñones aprenderá a ser líder, a dominar sus temores y controlar su aeronave como si fuese parte de sí mismo.
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Ala de oro. Presidente Benavides pone insignia a José Quiñones.
El día de su graduación, el 21 de enero de 1939, ante la mirada atónita de los presentes, el alférez José Quiñones realizó en la aeronave de instrucción Caproni Ca.113 varios pasajes aéreos en posición invertida a un metro y medio del suelo, probando que era justo su nombramiento como “ala de oro” de su promoción, impuesta por el presidente de la República, general Óscar R. Benavides.
Amor por la patria
Su paso por el conflicto con Ecuador, en julio de 1941, es digno de recordar y lleva consigo el más noble ejemplo que resume la frase “amor por la patria”, que nos hace capaz de entregar algo tan preciado como la vida a algo tan inmaculado como la patria.
Quiñones jamás dudó de su capacidad de triunfo ante el enemigo, de su difícil decisión de sacrificio ante aquella batería antiaérea que causaba heridas en cada misión que los aviadores peruanos hacían cuando volaban sobre Quebrada Seca y Rancho Chico. Así logró silenciar eternamente la furia de las balas enemigas y abrió paso a la victoria de la Batalla de Zarumilla, convirtiéndose en un gran peruano, un inmortal ejemplo de honor; con orgullo de todos, en un héroe nacional.
Inspiración de aviadores
El 10 de mayo de 1966, mediante la Ley N° 16126, a propuesta del senador por la región Loreto,Francisco Secada, se declaró Héroe Nacional y Patrono de la Aviación Militar Peruana al capitán FAP José Abelardo Quiñones, con los más altos honores asignados para la máxima figura de la Aviación.
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Récord. El día de su graduación, Quiñones realizó un vuelo invertido a un metro y medio del piso.
Esta parte de la historia nos debe unir a todos los que deseamos un país más poderoso, desarrollado y digno, contemplando en primer lugar los valores y virtudes que nos guiarán para hacer lo correcto en cualquier situación.
La gran familia de aviadores seguimos su ejemplo y valoramos su sacrificio. Consideramos sagrado su amor por nuestra nación: Quiñones es un referente eterno, de hombre de carne y hueso forjado en valores, capaz de decir “soy peruano y aquí estoy” en el momento que más nos necesita la nación.
Quiñones y los valores
Nuestra sociedad ha sufrido diversas crisis de valores en ética, virtud y cortesía, lo que hace preciso el momento de revisar la historia y recordar a este digno peruano que a los 27 años nos dejó lecciones de vida.
En 1991, al conmemorarse medio siglo de su inmolación, el Banco Central de Reserva del Perú puso en circulación el billete de 10 nuevos soles, que se convirtió en el producto que más ha ayudado a fortalecer su imagen y su memoria entre la población.
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Familia. Quiñones, de 4 años, en foto con su hermano Salvador.
Desde entonces, peruanos de diversas generaciones han tenido la oportunidad de aprender más sobre su gesta heroica; de sentirse orgullosos de un peruano que siendo tan joven nos dejó un gran sentido del deber.
Hoy, en el centésimo quinto aniversario de su natalicio, recordemos con firmeza a este compatriota puro de corazón. “Arriba, siempre arriba”. (Mayor FAP José Barrera Alvarado)