• VIERNES 3
  • de abril de 2026

Opinión

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La evolución del pensamiento

Manuel A. Paz y Miño

Filósofo, eticista y docente universitario

Los primeros seres humanos que tenían solamente como instrumento sus manos y cerebros evolucionados, imaginaron que cuando alguien soñaba o moría viajaba a otro mundo, y que los fenómenos naturales –lluvias, sequías, rayos, terremotos, amanecer, anochecer, eclipses, arcoíris– eran producidos por la voluntad de seres poderosos invisibles o que estos eran los mismos fenómenos que observaban. Gracias a su búsqueda de respuestas, imaginaron que esos dioses, seres sobrehumanos y sobrenaturales eran los causantes de su buena o mala ventura, abundancia o escasez, paz y guerra, salud o enfermedad, dicha o desgracia.

Miles de años después, hubo los que honestamente, o no, se presentaron ante los demás como enviados, profetas, incluso hijos de los dioses, y algunos de ellos escribieron textos que luego las religiones organizadas presentaron como palabras divinas.

También hubo los que buscaron explicar la naturaleza y la sociedad de otra manera, a partir de ellas mismas sin recurrir a seres divinos a los que nadie había visto jamás. De ese modo, nace la filosofía y también el germen de lo que hoy conocemos como ciencia.

Gracias al pensamiento crítico y el conocimiento basado en la observación y la evidencia, podemos explicar las enfermedades, la muerte, los desastres naturales y los males de la sociedad, no como castigos de los dioses o intervenciones de los demonios, sino como parte de la realidad a la que podemos estudiar, entender e incluso manejar.Por las investigaciones y los descubrimientos científicos, sabemos que muchas enfermedades son producidas por microbios o males congénitos, y que los males sociales predominan cuando hay una mala e injusta administración política.

Gracias a la aplicación del conocimiento científico tenemos vacunas, antibióticos, fármacos para combatir diversas enfermedades, podemos pronosticar la aparición de tornados –no terremotos–, computadoras, internet y también bombas nucleares.

Además, para vivir en armonía, en sociedad, los futuros ciudadanos necesitan aprender valores fundamentales desde pequeños, basados en el sentido común que nos enseña desde milenios atrás, a tratar a los demás como queremos que se nos trate.

No necesitamos, como en la antigüedad y el medievo, recibir amenazas infernales o promesas paradisíacas para evitar comportarnos mal o para hacer el bien respectivamente. Por el contrario, como nos enseña la historia, tales normas de comportamiento basadas en la fe no han podido lograr su cometido.