Opinión
Franklin Cornejo
Docente de la Escuela de Periodismo de la UARM.
Ser éticos hoy, en medio de la corrupción, la mentira, la manipulación o la violencia, es un valor que reclaman los ciudadanos, las instituciones y la opinión pública como parte de mecanismos de búsqueda de la paz, la verdad y la dignidad. Con ello, la ética se está posicionando como un tema educativo prioritario en la vida cotidiana de las familias y las instituciones. Es justamente ese acercamiento a los otros lo que va determinando nuestras identidades públicas y privadas, en diversas situaciones sociales y desde diferentes roles y posiciones. Este es un aprendizaje social que se renueva y florece constantemente, en la escucha atenta y respetuosa.
La información y la comunicación tienen un fuerte componente en los procesos éticos y la búsqueda de la verdad porque reúnen datos para el análisis y el debate; facilitan capacidades, intervenciones y escuchas en las que se alternan los actores o agentes sociales.
Desde esta perspectiva, los medios y los profesionales comprometidos con los valores éticos promueven la ética, la verdad y la dignidad; tratando de leer la realidad como si fuera un texto, para aprender de esa realidad, integrada por personas que tienen aspiraciones y necesidades. Por ello, lo ético no es una cuestión solamente de normas, abstracciones o intangibles, la ética es una diversidad de comportamientos sociales, de posiciones, por ejemplo, de las personas frente a temas como la exclusión social, las libertades y la lucha contra la corrupción.
La ética se comunica hoy también mediante los múltiples medios de información y comunicación, como el WhatsApp y las redes sociales, en los que va surgiendo una opinión pública que emite comentarios y respuestas positivas, que contrastan con críticas y denuncias frente a injusticias, falta de pluralismo o intolerancia.
Cada vez más, los procesos de representación institucional establecen mecanismos, espacios y formatos de información y comunicación para interactuar con sus públicos y usuarios; para dar a conocer valores éticos y, así, evitar que posiciones que podrían ser unilaterales, o con conflictos de interés, manchen la honra y la fama de las instituciones en su relación con la sociedad.