• JUEVES 16
  • de abril de 2026

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INVESTIGACIÓN y cambio climático

Alerta en las alturas

Los drones se elevan en la puna, sobre los 3,800 metros sobre el nivel del mar. Los investigadores del laboratorio de Ecología y Utilización de Pastizales de la Universidad Nacional Agraria La Molina (Unalm) trabajan con estos equipos para evaluar y monitorear estas áreas, en las alturas de Lima, Junín, Pasco, Huancavelica, Áncash, Arequipa y Ayacucho. Su trabajo permite determinar el estado de conservación de los pastizales; si son saludables o no. 

A las imágenes captadas por los drones, los científicos suman imágenes satelitales para desarrollar un “modelo espacial” que mejore el monitoreo.

La otra parte de su labor es el desarrollo de estrategias para la mejora de los pastizales en riesgo, lo hacen introduciendo especies nativas, aplicando “sistemas de pastoreo”, donde no solo se combina el uso de llamas, alpacas, ovinos y vacunos, cada uno con un patrón distinto de ingesta de pastos.

Alerta temprana

Después de tres años, el laboratorio de la Unalm ha desarrollado un sistema de alerta temprana en ganadería, adoptando una tecnología de la universidad de Texas A&M. Con datos de clima, suelo y animales, determina la probabilidad de que existan deficiencias en el forraje.

Ahora, la universidad valida el modelo y pronto entrará a una segunda fase: la generación de alertas y redes de comunicación (vía Whatsapp) para informar con antelación a los productores sobre estos problemas. “Permitirá que los criadores puedan venderlos a tiempo, y no esperar a tener deficiencia de forraje y venderlos a menor precio”, dice el profesor Javier Ñaupari Vásquez, vocero del equipo. Se buscan más fondos para continuar el proyecto por lo menos por seis años más.

Entre el 40% y 60% de los pastizales altoandinos están en degradación, un proceso que se desarrolla desde hace algunos años debido al cambio climático y a la falta de conocimiento sobre estos ecosistemas y sus componentes.

Ñaupari alerta que, a este paso, “los pastizales andinos podrían desaparecer”, lo que afectaría a dos actividades económicas importantes para el país: la minería y la ganadería (el 80% de la ganadería se desarrolla en estas zonas).

Al ciudadano le afectaría en calidad y cantidad de agua potable porque los pastizales altoandinos se hallan en las cabeceras de cuenca y tienen un papel clave sobre el agua que recibimos en las zonas bajas (la costa).

Pastos y calidad de fibra

La deficiencia de forraje –alimento fundamental de los camélidos sudamericanos–, asociado a la fragilidad de los ecosistemas por las condiciones de altura, cambios de temperatura, radiación y otros factores, afecta directamente a la producción alpaquera (en estas zonas vive cerca del 100% de las alpacas).

“El déficit de forraje tiene un efecto en la calidad de fibras: se vuelve menos resistente, quebradiza y eso causa una merma en la calidad y el precio que reciben los productores, dejaría de ser una de las fibras más cotizadas en el mundo y fuente de empleo de miles de familias”, recuerda. Es un tema que el laboratorio de la Unalm trabaja desde mediados de los años noventa.

Medidas urgentes

Para el especialista, el estado actual de los pastizales altoandinos en el Perú se podría revertir trabajando desde varios frentes.

Lo básico es conocer el número de áreas degradadas (para ello es vital el modelo espacial de monitoreo). Luego, aplicar estrategias que permitan su sostenibilidad, sobre todo de los pastizales en situación de riesgo.

Para el otro 20%, que se presenta como “no saludable”, se necesitará un trabajo de ingeniería civil; también los mencionados sistemas de pastoreo, distribución del agua, entre otros.

El ingeniero zootecnista calcula que, tomando esas medidas, tomaría de 4 a 8 años poder tener pastizales “saludables”, porque hablamos de ecosistemas frágiles. Sin embargo, considera que se necesita una política nacional de pastizales para tener resultados óptimos.

Propuesta de subsidios

Si bien contamos con una ley forestal, y entidades como la Autoridad Nacional de Agua (ANA) y el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (Inaigem), para el investigador urge una ley de pastizales, similar a la de Uruguay o de Argentina.

En estas realidades se da un subsidio o compensación a los productores, los que hacen un buen manejo de los pastizales, evitando la erosión y permitiendo disponer, en las partes bajas de las cuencas, de buena calidad de agua. Este subsidio podría venir en el recibo de agua potable y el dinero se podría derivar en un fondo que permitiría mejorar la condición de vida de estos productores ganaderos, los que viven en condiciones de pobreza o pobreza extrema.

“Hablamos de ecosistemas frágiles. No sentimos aún la falta de disponibilidad de agua, pero más adelante tendremos eventualmente grandes problemas. Si no tenemos un mecanismo para compensar este trabajo de los productores, continuará la migración de los jóvenes, solo quedarán los adultos mayores, y nadie se encargará de aprovechar a ese ganado ni los pastizales”, puntualiza.

Datro

120 mil familias se benefician de la fibra de alpaca con empleos directos e indirectos.