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  • de abril de 2026

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Orden en las calles

Una institución. Se iniciaban los años cincuenta y el chinchano Reynaldo Nonone Viviano, de abuelo francés, era sargento segundo de la Benemérita Guardia Civil. Se desempeñaba como policía de tránsito en el Centro de Lima y simbolizaría por más de dos décadas al policía de tránsito “honrado, de trato fino e incorruptible”. El sargento nunca puso una papeleta y pregonaba: “Más que castigar hay que educar”.

Fue tanta la fama de este guardia civil singular, que llegó a ser un atractivo para los turistas que visitaban Lima. Con cámaras y curiosidad al ristre se dirigían hasta la esquina de la plaza San Martín y del jirón de la Unión para ver trabajar al “semáforo humano”, como le decían.

Nonone era un espectáculo de pulcritud. Un periodista brasileño lo fotografió y escribió una nota en un diario del gigante carioca, bajo el titular de “O Mais Grande Policia Do Mundo”.

¡Hasta protagonizó cortometrajes en la Lima a blanco y negro! Y el “Carreta” Jorge Pérez, con picarezca y pitoniza mirada al futuro de bocinazos, en una polca decía “¡Qué tráfico compadre! Nonone ya está loco, metiendo papeletas, a más ya no poder”.

Nonone se dirigía a los conductores con trato cordial y les comunicaba con voz serena: “Usted ha cometido una falta. Le recomiendo que maneje con cuidado, así evitará accidentes y daños a otras personas”. Así, a cualquiera le gustaba que lo pare el policía, con voz amable y respetuoso. ¡Si hasta parecía un piropo!

Si hoy le parece raro escuchar sobre este GC, ya a los conductores de la Lima de hace sesenta años les dejaba boquiabiertos “La llave del tránsito”, como lo apodaban. Con justicia, obtuvo todos los galardones y diplomas de parte de la sociedad limeña, aunque nunca dejó de ganar el modesto sueldo de 110 soles.

En 1991, cuando Nonone era ya leyenda de 75 años y un pulcro jubilado de la BGC, la Dirección de Tránsito estableció un plan general de Educación Vial para emular su legado entre los policías, que debían de tratar a conductores y peatones bajo tres cláusulas: amabilidad, cordialidad e incorruptibilidad. Las papeletas que impondrían estos miembros de la BGC serían solo de Educación Vial. Lo curioso fue que se trató de emular hasta en lo físico, porque los altos cargos dispusieron a jóvenes policías morenos en los cruces de jirón de la Unión con Conde de Superunda, jirón de la Unión con Ucayali y en el óvalo de Miraflores. Falleció en 1997.

Batallón de tránsito

Dirigir el tránsito tuvo cordón umbilical con la modernización de las urbes, la ubicuidad de automóviles y el incremento de la red vial.

Para velar por el orden en pistas y carreteras y evitar los accidentes, en 1929 por ley número 6468, se crea el Batallón de Tránsito de la Guardia Civil.

A sus integrantes los distinguió por quinquenios el casco y el correaje blancos. La primera promoción de dicha unidad comenzó a operar con 12 oficiales y 125 hombres. Fue el 2 de noviembre de 1929 que salieron a las calles de Lima, una urbe de 400,000 habitantes que ya era un caos por los automóviles.

Boy scouts

Otro dato importante para los 30 de agosto fue la importación del escultismo. Los Boy Scouts, los chicos de la pañoleta y el sombrero ancho, llegaron de la mano de Juan Luis Rospigliosi en 1911. Y con los años, entre las labores de solidaridad que desplegaban los chicos “siempre listos” se haría costumbre en los centros de ciudades como Lima, Chimbote, Chiclayo, Arequipa y Trujillo, que las brigadas de boy scouts (previamente capacitados) dirijan el tránsito cada 30 de agosto, para que muchos policías de tránsito descansen y puedan homenajear como se debe a su patrona, Santa Rosa de Lima. En años más recientes, ante el crecimiento de las ciudades y la disminución del escultismo, a esta labor cívica se sumaron también los escolares.

Entonces ahí, lidiando con un solo semáforo, y escuchando los bocinazos, los adolescentes aprendían que no era nada fácil eso de plantarse con un pito y hacer respetar el reglamento nacional de tránsito. Y que Nonone bien valía todos los reconocimientos y la fama limeña. (José Vadillo Vila)