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Nos referimos a la ya conocida Fiesta de la Porciúncula, que consiste en la preparación de un puchero a base de pollo, carne y verduras que se invita a miles de feligreses.
¿Pero qué hay detrás de esta fecha católica festiva? Se trata de una tradición franciscana que llegó a nuestro país a inicios del siglo XX. Según la historia católica, en 1216, mientras san Francisco rezaba en la Porciúncula (nombre de una pequeña iglesia ubicada dentro de la basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, en Italia) por la salud de las almas y los pecadores, se le aparecieron Cristo y la Virgen rodeados de ángeles.
El santo pidió al Señor la indulgencia para todos los que visitaran el templo. Con la venia de Jesús, san Francisco visitó al papa Honorio III, que concedió la autorización eclesial.
Así, el 2 de agosto, todos los templos franciscanos del mundo realizan este tradicional encuentro con sus feligreses. Lo llaman la Fiesta de la Porciúncula, Indulgencia de la Porciúncula o Fiesta del perdón de Asís.
En el Rímac
En Lima, el Convento de los Descalzos es el encargado de conservar esta tradición. Ayer, desde las 5:00 horas, 14 ollas con capacidad para 400 litros de sopa estaban en el fogón.
Sacerdotes y voluntarios preparan el delicioso puchero con los productos donados por mercados, instituciones y vecinos del Rímac para conmemorar la fecha.
Algunos cortaban las verduras, otros limpiaban los insumos o cuidaban que el fuego no se apagara.
Pero mientras la sopa bendita se prepara, los feligreses oyen misa, se confiesan y comulgan para luego recibir su ración de puchero, hoy conocido en el Perú como la porciúncula.
La creencia cristiana dicta que una vez que una persona se ha confesado, ha asistido a misa y ha probado el puchero, “está en gracia con Dios”.
Las colas para recibir un plato se iniciaron desde muy temprano afuera del convento. Se calcula que más de 2,000 feligreses recibieron su ración.
Este alimento estuvo destinado a las personas de escasos recursos.