• DOMINGO 5
  • de abril de 2026

Opinión

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enfoque

Los audios escondidos

sergio salas

Abogado, músico criollo

Hace dos años recibí una carta del Ministerio de Cultura. Me invitaban a una jornada de dos días a fin de propiciar un acercamiento entre el Estado y el criollismo. Asistí y pude encontrarme con varios cultores de este género musical: artistas, profesores, productores y mucha gente que ha dedicado su vida a colaborar con esta música. Se formaron grupos de trabajo para discutir cuatro temas, aunque en esta columna comentaré solo uno: los archivos de la música criolla existentes, su ubicación, su conservación y su puesta en valor.

Me dio la impresión de que había un real deseo de conocer si es que existían archivos, y de ser así, que manifestáramos “quién los tenía”. Comencemos analizando ¿qué es un archivo? Un archivo es el conjunto de documentos ya sean escritos, de audio, de video, o cualquier otro soporte que contenga información sobre un tema determinado. El uso de un archivo puede ser de consulta, de referencia o de utilidad para futuras producciones.

En este caso hablábamos de uno de música criolla. Y valgan verdades, la música criolla, muchas veces se ha transmitido oralmente. A pesar de esto, existen muchos documentos que datan incluso de fines del siglo XIX. Lo que sucede, es que no hubo un ente público que se preocupara de adquirirlos y ponerlos al servicio de todos los peruanos. Pero, lo que no se hizo en el sector público, los privados sí lo hicieron.

Personas anónimas, la mayoría de veces, cuidaron de rescatar partituras, cancioneros, discos, casetes, grabaciones caseras, composiciones, videos y cualquier otro documento que conservara datos de canciones, compositores, intérpretes y mucho más. Y digo más, porque estudiando estos documentos uno llega incluso a conocer parte de la historia del Perú.

El criollismo, recordemos, es música popular y, por ende, en sus letras se plasmaba lo que se vivía en el día a día. La transformación de las ciudades y eventos importantes de nuestra historia muchas veces los he aprendido mediante estos archivos.

Ocurre que, al morir un coleccionista, la familia que no conoce el valor de lo acopiado por este decide desprenderse de ese tesoro. Termina en algún puesto de la Cachina, de donde es rescatado por otro coleccionista.

Son personas que han invertido su tiempo, su dinero, su vida, a preservar, por puro gusto y romanticismo, los documentos que guardan la historia de nuestra música. Alguien dirá: “Esas son cosas viejas. Ya no sirven”. Pero ¡cuidado! Esas cosas viejas son la fuente, la matriz. En toda disciplina, lo primero que se aprende son las fuentes (recuerdo mis clases de introducción a las ciencias jurídicas: Las Fuentes del Derecho), porque son la base. Y para construir algo nuevo, uno tiene que construirlo con base. Tiene que saber qué hubo antes, cómo nació. Tiene que experimentar conociendo los sonidos primigenios y la evolución que estos tuvieron. Tiene que escuchar las armonías que algunos privilegiados lograron dominar. Para eso son importante las fuentes. Quien quiera en la actualidad hacer música criolla en serio, tiene que dedicar un tiempo considerable a estudiarlas.

Pero claro, hay un problema, el mismo que teníamos al inicio: ¿dónde las encuentro? Y si bien algunas se podrán hallar en el centro de Lima, lo cierto es que conseguirlas es complicado. Por ello aprovecho este espacio para dirigirme a los coleccionistas a quienes respeto y admiro por su trabajo de años: “Si queremos ver florecer este género, ha llegado la hora de compartir nuestros archivos (sí, porque yo también colecciono), y para ello podemos valernos de los medios que la tecnología nos da”.

Hoy contamos con diferentes aplicaciones y programas que nos permiten compartir todo tipo de archivos. Estoy convencido de que el bien común está por encima de la satisfacción personal y solo nosotros podemos ayudarnos. Les aseguro que descubrirán muchos temas bellos que no se conocen, de compositores famosos y otros no tanto, pero que cualquier intérprete podría cantarlos a su estilo y con eso renovar el repertorio. Porque existen audios que valen la pena compartir. Porque nuestra canción criolla va más allá de lo comercial. Llegó la hora del criollismo.