Central
José Vadillo Vila
jvadillo@editoraperu.com.pe
1 “Nos pintamos el rostro, las manos, los pies porque somos mujeres, porque nosotras no olvidamos nuestra cultura shawi”.
Las extremidades de las mujeres se tiñen con tono fuliginoso gracias al colorante natural del huito. Paradójicamente, cuando el fruto es verde, pinta de negro. “Y cuando es muy maduro, ya no. Se come y es rico”.
Evelyna Rengifo vive en Soledad, una comunidad shawi de 1,500 vecinos en el distrito de Balsapuerto (Alto Amazonas, Loreto). Hay una posta médica y un colegio con inicial, primaria y secundaria.
Ella y un grupo mujeres de Balsapuerto han llegado por primera vez a Lima, para ver la exposición Shawi Sanapi, en el Ministerio de Cultura.
Salieron a las 9 de la mañana del día A y llegaron a las cinco de la tarde del día C. Tomaron bote, bus, avión, dejaron el monte para llegar a la capital envuelta en neblina.
Evelyna reconoce a varias mujeres de las fotografías. Llevan en la cabeza coloridas plumas de aves del monte, que ellas entretejen. Como ella, muchas shawis se casan muy jóvenes, a partir de los 15 años.
2 Solo algunos de los hombres de la etnia se pintan. Por eso, en las calles de Yurimaguas es difícil saber si se trata de un nativo o no: los shawis están occidentalizados, usan zapatillas, jeans, polos.
Ellos se dedican a “hacer chacra”, a sembrar maíz, plátano, yuca, para dar de comer a su parentela.
Dicen ellas que una exposición en Lima permite que los vean, hablar de su precaria economía. Allá, “algunos no tienen nada. No tienen economía, de dónde comer, dónde llevar a los niños. No hay oportunidades para salir”. Allá. Ese Perú sin marquesinas.
Son mujeres vitales. Miguel Calisaya, responsable de proyectos de la organización Chirapaq, recuerda que la mujer shawi no se limita a su papel en casa. Ellas realizan la mayoría de actividades igual que un hombre, salvo tumbar un árbol o ir a cazar al bosque. Inclusive van a “marisquear” en los ríos.
3 Al inicio, solo había timidez y desconfianza. Después, cuando Meeri Koutaniemi empezó a disparar la cámara fotográfica, notaron que era una experiencia agradable, que no violentaba su espacio. Empezaron a sonreír. A disfrutar.
Lo recuerda Koutaniemi, autora de los 32 retratos de Shawi Sanapi. La famosa fotógrafa finlandesa tuvo una inmersión en la vida de dos comunidades shawi del distrito de Balsapuerto: Pueblo Libre y San Lorenzo. Eso sucedió hace dos años.
Entonces, su lente buscó “sentir el alma”. Koutaniemi está familiarizada con temas de derechos humanos, de no discriminación y equidad de género. Entonces, cuando la organización Dreams of Equality le preguntó si le gustaría retratar a las shawis, en la Selva peruana, nunca lo dudó.
4 “Las amenazas de los shawis es la de muchos pueblos: por la inseguridad territorial; la presencia foránea de madereros ilegales y algunas comunidades que son sancionadas injustamente y corren el peligro de perder sus tierras. El otro aspecto es la poca presencia del Estado: para las 180 comunidades nativas shawis solo hay 18 centros de salud”, resume Calisaya.
Anna Björnberg-Michelsson, de Dreams of Equality, recuerda que en el mundo “hay 370 millones de personas que pertenecen a un pueblo indígena y viven en 90 países. Sus problemas son comunes. En el caso de las mujeres, sufren triple discriminación: por su condición de mujer, indígena y su estado socioeconómico. Muchas cosas cambian [para bien] en los países, pero muchas veces no incluyen a los indígenas. Y eso sucede también en el Perú”.
En Finlandia y Estonia fue una revelación para cientos de personas que no conocían a los nativos. “Parecía que alguien les había abierto una puerta a un mundo totalmente distinto”, recuerda Björnberg.
Los shawis son un pueblo indígena. Calisaya recuerda que estos son muchos más que los pueblos que están en aislamiento voluntario”. “Son millones de peruanos que están en el otro lado, con sus problemas y retos propios. Son pueblos que aún no tienen agua, desagüe; sus mujeres dan a luz en casa porque no pueden acceder a una posta de salud; no tienen cobertura de teléfonos menos internet; donde la desnutrición y el hambre son problemas de todos los días”, dice Calisaya.
Aún hay desconocimiento y prejuicios desde la urbe. Los pueblos indígenas no son piezas de un museo. Son gente que está viva. Y su cultura dice: “Estoy aquí”. Por eso la muestra Shawi Sanapi.
Dato
180 comunidades shawis existen en la selva peruana.
Punto x punto
La etnia shawi está presente, sobre todo, en la provincia de Alto Amazonas (Loreto). Tiene una pequeña presencia en la región San Martín.
La muestra estará abierta hasta el 15 de julio, en la torre Kuélap del Ministerio de Cultura (avenida Javier Prado Este 2465, San Borja). Ingreso libre.
Shawi Sanapi ya se exhibió en Finlandia y Estonia, con auspicio de la Embajada del Perú.
La ONG Chirapaq planea llevar la muestra a la ciudad de Yurimaguas o el distrito de Balsapuerto.