• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

Opinión

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Cuando la pobreza alcanza a la niñez

Maria Luisa Fornara

Representante de UNICEF en el Perú

El 30.2% de las niñas, niños y adolescentes en el Perú se hallaba en condición de pobreza monetaria. Pobreza que se hace más evidente entre aquellos que tienen una lengua amazónica: en el 2017 era de 68.4%. Esta es una realidad sobre la que el Estado, la sociedad civil, la empresa y otros actores debemos trabajar de manera urgente.

El término ‘pobreza multidimensional’ implica ir más allá de la escasez o la insuficiencia de ingresos que afecta a individuos, hogares y comunidades. Significa reconocer que además de no tener dinero en los bolsillos, el ciudadano empobrecido ve sus derechos vulnerados: la salud se pone en riesgo, aumentan las posibilidades de sufrir anemia, se restringe el acceso al agua y al saneamiento, por mencionar solo algunos ejemplos. ¿Qué pasa entonces con los niños, niñas y adolescentes?

En esa etapa de la vida, la pobreza multidimensional genera daños irreversibles, lo que le da a su atención y reducción un sentido de urgencia, dado que la probabilidad de que se vuelva permanente es más alta que en el caso de los adultos. Y eso ocurre porque se da una transmisión intergeneracional entre los afectados: niñez y adolescencia pobres implican crecer con falta de oportunidades, lo que conlleva a que ellos y ellas tengan, en el futuro, más probabilidad de encabezar familias pobres. Por eso, cuando la pobreza golpea, no hay que dudar de que en quienes más impacta es en la niñez y la adolescencia.

El Comité de los Derechos del Niño emitió el comentario número 19, que brinda pautas para que los presupuestos públicos garanticen que niños, niñas y adolescentes no vean vulnerados sus derechos. Por su parte, el Objetivo de Desarrollo Sostenible 1 hace hincapié en el fin de la pobreza como meta ineludible, invitando a apostar de manera estratégica por el presente y el futuro del país. Del éxito en la superación de ese reto depende las posibilidades de desarrollo económico y estabilidad social que requiere toda sociedad para salir adelante. Trabajemos para construir mecanismos que permitan ver el problema en toda su dimensión y encontrar salidas donde las niñas, niños y adolescentes tengan el derecho a crecer y desarrollarse plenamente.