Opinión
Domingo Tamariz
Periodista
Eduardo López de Romaña Alvizuri nació el 19 de marzo de 1847 en el distrito de Yura, Arequipa, famoso por sus baños termales. Sus padres fueron Juan Manuel López de Romaña y doña María Josefa Alvizuri, ambos miembros connotados de la aristocracia arequipeña.
Inició sus estudios en el Seminario de San Jerónimo de la Ciudad Blanca y los prosiguió en el Stonyhurt College de Londres, adonde sus padres lo enviaron a los 13 años con la idea de que luego siguiera ingeniería. Y en ese ánimo, se matriculó en la sección de Ciencias Aplicadas del Colegio Real, del que se graduó de ingeniero civil en 1868.
Se especializó en diseño y tendido de puentes para el paso de vías férreas. Su primer trabajo lo cumplió en la India, donde se desempeñó en su especialidad con tanta eficiencia que en poco tiempo empezó a ganar fama y dinero. De vuelta a Inglaterra, fue incorporado en el Instituto de Ingenieros Civiles de Londres en calidad de socio de número. Contaba con solo 25 años.
Ya había alcanzado renombre internacional cuando viajó a Brasil por cuenta de la Public Works Construction Company con el fin de verificar los trabajos ferroviarios sobre el Madeira y el Mamoré de las selvas brasileñas (1872). Eran los años dorados de la época del caucho. Uno de sus biógrafos señala que viajó junto con otros 33 destacados profesionales, de los cuales perecieron 24 a causa de las enfermedades, accidentes fluviales y la agresiva oposición de los nativos del lugar.
Afortunadamente, López de Romaña fue uno de los pocos ingenieros que salvaron la vida. Fracasada aquella fabulosa empresa, retornó a Europa, hasta que en 1874 –tras quince años de ausencia– volvió a la patria para instalarse en su natal Arequipa.
Al estallar la Guerra del Pacífico se incorporó al Ejército como comandante general de la División de Vanguardia, y en esa condición organizó en el valle de Tambo la defensa que impidió que desembarcara el ejército enemigo.
Pasada la guerra, tuvo un papel preponderante en el progreso de la Ciudad Blanca. Fue presidente de la Beneficencia en tres oportunidades, impulsó la sociedad de artesanos, fundó colegios, clubes y, como ingeniero del concejo provincial, logró dotar de agua potable a su pueblo natal. En ese andar, fue elegido presidente de la Junta Patriótica de Arequipa.
Resultó elegido diputado por Arequipa en las elecciones de 1895, y al año siguiente Piérola le encargó el flamante Ministerio de Fomento, cartera clave en la etapa de la reconstrucción. Aunque estuvo apenas seis meses en el cargo, hizo sentir su experiencia como organizador y promotor de programas apropiados para el momento.
En 1897 fue elegido alcalde de Arequipa y senador por el departamento. Como alcalde hizo una labor tan destacada que su nombre trascendió, sobre todo, en la capital de la República. Se acercaban las elecciones presidenciales y, acaso sin soñarlo –dado que políticamente era independiente–, fue lanzado como candidato de la Alianza Civil-Demócrata.
López de Romaña juró como presidente de la República el 8 de septiembre de 1899. Durante su gestión alentó la colonización de valles interandinos y zonas orientales que habían permanecido en el olvido y aislamiento durante siglos; impulsó el desarrollo agrícola, para lo cual fundó la Escuela de Agricultura (hoy Escuela Nacional de Agronomía); creó el Estanco de Sal y, entre otras obras, continuó la construcción del ferrocarril de La Oroya a Cerro de Pasco.
En 1901 tuvo la entereza de romper relaciones diplomáticas con Chile en protesta por la repudiable política de chilenización sobre las provincias cautivas de Tacna y Arica. Durante su mandato (1899-1903), López de Romaña Alvizuri mantuvo la paz interna y fue un ejemplo de austeridad y de un adecuado manejo de los gastos presidenciales.
Terminado su período gubernamental, se retiró a la paz de su lar natal. Nueve años después –el 26 de mayo de 1912– emprendía el viaje a la eternidad. Tenía apenas 65 años.