• JUEVES 30
  • de abril de 2026

Opinión

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Perfiles

Armando Villanueva del Campo

Periodista

Armado de una grabadora, lo conocí en 1995, cuando le hice una entrevista en vísperas de que cumpliera 83 años. Villanueva no era, por entonces, un político de mi simpatía. Es más: en mi juventud me había formado el peor concepto sobre su personalidad. Es que entre 1932 y 1948 el antiaprismo lo identificó como uno de los hombres más duros del PAP, como un “búfalo”, calificativo que los enemigos del llamado “partido del pueblo” aplicaban a los disciplinarios apristas. Sin embargo, grande fue mi sorpresa al encontrar en él a un hombre sencillo, amigable, culto y con una memoria impresionante; tan grande que en un momento de la entrevista recordó un poema de García Lorca que recitó con gran devoción. Desde entonces, aunque tarde, empecé a respetarlo. Este mes, precisamente, se cumple un nuevo aniversario de su nacimiento. ¿Me acompaña a recordarlo?

Armando Villanueva del Campo nació en Lima el 25 de noviembre de 1915. Hijo del médico y congresista Pedro Villanueva Urquijo y de doña Carmen Rosa del Campo, hizo sus estudios básicos en los colegios La Recoleta y San Luis de Barranco. Cursaba el quinto de secundaria cuando se inscribió en el partido de Haya de la Torre, y al ser organizada la Federación Aprista Juvenil fue elegido su secretario general. Y en ese sino, comprometido en planes subversivos, sufrió su primera prisión en 1934. Una vez libre optó por seguir Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero la política no se lo permitió. En 1938 fue nuevamente apresado.

Bastante joven, a los 25 años, integró el Comité Nacional del Partido Aprista como secretario nacional de Propaganda. Y otra vez fue tomado preso y expulsado a Chile, donde se ganó el pan del destierro dando rienda suelta a su contenida vocación: el periodismo. Pero, urgido por la dirección del partido, regresó clandestinamente para ocuparse de las labores de organización y propaganda en Lima, hasta que fue detenido y, por sentencia de un juzgado militar, desterrado por segunda vez a Chile (1943).

Retornó para las elecciones de 1945, año en el cual su partido integró el Frente Democrático Nacional, que sacó adelante la candidatura de Bustamante y Rivero. Tres años después, al producirse el golpe de Estado del 3 de octubre, que encabezó el general Odría, fue otra vez apresado y, con las mismas, deportado.

Volvió al Perú en 1955, con el fin de impulsar la reorganización del partido y participar en el proceso electoral de 1956.

En las elecciones de 1963 fue elegido diputado por Lima. En 1965 obtuvo el título de periodista por la Universidad de San Marcos, profesión que ejerció en varias etapas de su intensa vida. En 1966 fue elegido presidente de la Cámara de Diputados. En el Parlamento encabezó la oposición al régimen de Belaunde Terry hasta que vino el golpe de Estado del 3 de octubre de 1968.

Como secretario colegiado, hizo una sensata oposición al régimen militar, pero igual fue apresado y desterrado. Fallecido Haya de la Torre, quedó al frente del partido.

Para las elecciones generales de 1980, su partido lo proclamó candidato a la presidencia de la República, pero los hados no lo acompañaron.

En 1985 fue elegido senador y, al año siguiente, presidente de su Cámara. Por entonces, el presidente Alan García, también del Partido Aprista, lo nombró presidente del Consejo de Ministros y, luego, ministro del Interior, cargos a los que renunció en mayo de 1988.

En 1990 fue reelegido senador para el período 1990-1995, interrumpido por el autogolpe de Alberto Fujimori del 5 abril de 1992.

Ya en el retiro, el Zapatón –mote con el que se le conocía y que él tomaba con muy buen humor– fue un político respetado y frecuentemente entrevistado por la prensa para arrancarle su opinión sobre el acontecer nacional. Aunque acosado por un mal cardíaco, nunca se negó a dar entrevistas, hasta el día de su muerte, acaecida el 14 de abril de 2013. Contaba con 97 años.