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Pisco, la memoria del dolor

Entonces, miércoles 15 de agosto de 2007, a las 6:41 de la tarde, la hora en que las mayorías terminan sus jornadas, la tierra empezó a temblar. 

En 210 segundos, el brazo brutal del sismo de 7.9 grados mató a 596 personas. Otras 2,200 resultaron heridas. Destruyó o dejó inhabitables más de 76,000 viviendas. Quedaron damnificados 432,000 peruanos.

Decimos Pisco, Chincha, en la región Ica. Cañete, Yauyos, en Lima. Huaytará y Castrovirreyna, en Huancavelica. Nombramos a Vallejo. Decimos, “Golpes como el odio de Dios”. “¡Yo no sé!”.

Las noticias de Pisco eran un gran silencio. Y eso activó la alerta.

San Clemente, un símbolo

El hombre necesita de signos para comprender mejor las situaciones límite.

En la iglesia San Clemente, ubicada en la plaza de Armas de Pisco, se terminaba de celebrar una misa cuando la tierra empezó a retumbar. Fallecieron un centenar de feligreses.

Cinco años más tarde, el cardenal Cipriani ofició la primera misa de la nueva iglesia.

Signos. Esperanza.

Emergencia, solidaridad

Con el sismo, llegó oportuna la solidaridad de varias naciones. El presidente colombiano Álvaro Uribe se apersonó hasta Pisco para mostrar su solidaridad. Evo Morales, de Bolivia, hizo lo propio días después.

Se declaró el estado de emergencia por 60 días, pero en la región Ica las clases escolares se suspendieron por más de dos meses.

Un año después, cuando llegamos a reportear a Pisco, todavía la ciudad olía a cadáver.

En el Cementerio General de Pisco había pabellones dedicados a las víctimas del terremoto. Los antiguos cuarteles tenían las grietas: hasta los muertos habían sido remecidos de su silencio aquel agosto de hace 10 años.

Tarea pendiente

Después de una década, la ciudad ha cambiado. Se ha avanzado el 80% de la reconstrucción de la provincia de Pisco, pero hay parapetos que ocultan terrenos en los que no se ha hecho nada.

El Ministerio de Educación dice que 109 de las 319 instituciones educativas dañadas por el terremoto urgen de nuevos ambientes.

Dicen que faltan títulos de propiedad; que todavía al ser “provincia” hay que tocar las puertas, pedir lo que las autoridades prometieron. Nos falta sacudir la burocracia para terminar la brecha restante.

Pisco ha crecido en su periferia, pero las heridas están presentes en la caleta de San Andrés, Pisco Playa o el propio centro de la ciudad, que luce avenidas rejuvenecidas.

Las cifras oficiales sostienen el esfuerzo estatal: más de 28,000 bonos de 6,000 soles cada uno, entregados por el sector Vivienda el quinquenio siguiente al sismo. Y el desembolso de 2,460 créditos que otorgó el Banco de Materiales.

Lo más importante, ¿se aprendió? El gobernador regional, Fernando Cillóniz, dijo esta semana a la agencia Andina que Ica hoy está “mejor preparada frente a desastres”. Ahora es una región que se moderniza. Ya lleva el apellido “pujante”. Y aprendió sobre la importancia de la prevención.

Falta reconstruir espacios, templos o el Palacio Municipal de Pisco. Hay cosas que faltan hacer, pero también hay esperanzas. (José Vadillo Vila)