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Sport Boys del Callao, el equipazo porteño del que habla su famosa polca, “¡Vamos, Boys!”, creada por ‘Panchito’ Quiroz, es el cuadro que ha conquistado el corazón de gran parte de chalacos. Más aún si se toma en cuenta que, como reza esa canción, supo escalar desde las divisiones inferiores hasta primera, y luego ser la base de la mítica selección que brillara en las Olimpiadas de Berlín. Pero sus aficionados no son solo del primer puerto, sino también hay los nacidos en otras tierras y que sienten las sedas rosadas como propias.
Un caso emblemático es el de Delfina Paredes, primera actriz del teatro nacional. Paradojas de la vida y del deporte, ella se hizo incondicional de la ‘Misilera porteña’ por su amor al Cusco.
La artista, nacida en Mollendo, vivió su infancia en la Ciudad Imperial. En una ocasión, se jugaba un partido entre el Cienciano y el Boys. Al momento del cotejo, se produjo un terremoto. “Muchos cusqueños se salvaron por ir al estadio”, cuenta. Y desde esa fecha, 21 de mayo de 1950, no ha dejado de hinchar por ‘La Rosada’.
Un año después de esa decisión, Paredes y demás hinchas de los porteños festejaron el primer título del fútbol profesional peruano, conseguido gracias a los goles de Valeriano López, ‘el Tanque de Casma’, y de su compadre Guillermo Barbadillo.
Del Collao al Callao
Otro caso también del sur del Perú es el de Elard Ramos, de Juliaca. En su infancia, a inicios de los noventa, no había electricidad en su casa, por lo que se entretenían escuchando radio.
Un día, captaron un partido entre el Sport Boys del Callao y el Alianza Atlético de Sullana. Su madre y su abuelo hicieron barra por el equipo de Piura, por ser de provincia. Él, por llevar la contra, lo hizo por la escuadra porteña. Los tres puntos los consiguieron los rosados.
Días después, su madre le regaló un póster del Boys de un periódico popular. Casi como bromeando, decía que iba a alentar siempre a los porteños, pero unos meses después, en un partido de definición por un cupo a la Copa Libertadores, ‘La Misilera’ perdió. Elard lloró. Había nacido un rosado.
Tan hincha que cada vez que juega su equipo en Puno aloja a los barristas rosados que están de paso. “Sport Boys del Callao, hasta su nombre es lindo”, comenta a El Peruano.
“F” del Boys
Para los aficionados al rock peruano, no es novedad que los hermanos ‘Daniel F’ y ‘Kimba Bilis’, dos de los cuatro miembros fundadores de Leuzemia y vecinos ilustres de la Unidad Vecinal N°3, en el Cercado de Lima, sean hinchas acérrimos del Sport Boys. Alguna vez, ‘F’ nos comentó que de adolescente le compuso un tema al cuadro de sus amores, pero que nunca lo llegó a grabar.
Comentó a estas páginas que se hizo hincha de los porteños alrededor de 1966 o 1967. “En esos días, en mi casa todos eran del Boys”, comenta. Por aquellos años, en el cuadro chalaco debutaban jugadores de la talla de Walter Daga, J. J. Muñante y Luis Rodríguez Paiva. También Julio Meléndez, quien luego fuera ídolo en Boca, y Gerónimo Barbadillo, quien brillara después en Italia. Pero a ‘F’, el fútbol no le llamaba la atención.
Sin embargo, hubo un momento de inflexión. “Ese punto se dio un día en que estaba ojeando un diario en su sección deportiva. Y ahí había una foto en la que Julio Baylón (Alianza Lima) y Rómulo Ferretti (Sport Boys) se disputaban el balón. Lo que más me llamó la atención fue la camiseta manga larga del porteño”. Esa imagen definió para siempre su corazón futbolero.
Amor de lejos
Otro gran apasionado del club de la calle Teatro es Manolo Farfán, conocido en la tribuna como ‘Loco San Borja’. En la década del noventa era un infaltable a cuanto partido había –oficial o amistoso– de la escuadra rosada.
No vivía en el Callao y era su más empeñoso barrista. Tanto así que formó un grupo de hinchas que salían de su barrio, en el Cercado de Lima, rumbo al escenario donde esa semana le tocara jugar a los rosados. La banderola que llevaban a todos lados decía “Judíos Rosados”, en honor a otro vehemente rosado: el dirigente y empresario Beto Levy Eskenazi.
Hoy, ‘San Borja’ vive en Estados Unidos y cuenta los días para la presentación del club de sus amores en esas tierras, el 6 de agosto, en el Cochrane Stadium de Nueva Jersey.
Entusiasta, Farfán contacta a los hinchas dispersos del Boys por todo Estados Unidos con el fin de organizar una barra para ese cotejo. Para él, que no se perdía un solo encuentro, esa fecha está más que separada para su equipo, al que dice extrañar como si fuera un ser querido.
ADN rosado
Pero el cariño al Boys viene a veces por la sangre. Es el caso de Pía Villamonte, joven punteña que no se pierde, al igual que la recordada ‘Tía Pochita’ y otras damas chalacas, un solo partido de local –y algunos de visita– de su escuadra, que hoy lucha en la segunda división del fútbol nacional.
Su abuelo, Lucho ‘Esencia’ Cobos, la llevó desde los 9 años al estadio y desde allí se quedó enamorada del cuadro rosado. Aunque no había nacido cuando en 1984 el Sport Boys, dirigido por el recordado Marcos Calderón, dio la vuelta olímpica, su pasión por sus sedas siempre anda al tope. El ser mujer asegura no le ha ocasionado problemas, pues ‘Los Willys’, la barra con la que alienta desde la tribuna Oriente, son muy respetuosos y cuidan a la joven dama. “Ser hincha no es ser violento, hay que ser pacíficos”, marca la pelota.
El porqué del rosado
La camiseta del Sport Boys destaca donde juegue. El origen de la rosada vestimenta porteña siempre se ha prestado para más de una leyenda urbana. Se habla de que los fundadores del Boys eran descendientes de italianos y eligieron el color del equipo de la familia. ¿El Palermo? ¿El Juventus, que en sus primeros años defendía sedas rosadas? El relato, que pasa de boca en boca, no lo precisaba. Otro relato sostiene que los fundadores escogieron el color al azar. Decidieron esperar al primer barco que llegara al puerto y elegir el color de su bandera. Dicen que este era un barco de la Unión Soviética, con una bandera roja descolorida. Esta leyenda es muy parecida a lo que se cuenta de la camiseta del bonaerense Boca Juniors. Hace unos años, don Abraham Alfaro, último socio fundador del Sport Boys, entre risas, nos desbarató las versiones: “Lo decidimos en junta. Unos querían un color, otros otro. Y para distinguirnos, elegimos rosado y negro”. Amén.
El dato
6 campeonatos nacionales tiene el Sport Boys. Entre ellos, el primero de la era profesional, en 1951.