Opinión
Periodista
El título fue un reconocimiento a la decidida actitud que asumió la población, cuando a principios de ese mes Lima se vio amenazada por tropas realistas al mando del general José Canterac, que pretendía reponer en el cargo al virrey La Serna. Los españoles llegaron hasta La Molina, Camacho, Surco y San Borja.
Enterado de ello, el 2 de setiembre San Martín suspendió una función teatral para dirigir desde su palco una proclama, invitando a los habitantes a defender la capital y pedirles confianza en el ejército.
De inmediato se improvisó una patriótica manifestación que se dirigió a Palacio de Gobierno a expresar su decisión de defender la ciudad.
El entusiasmo bélico fue indescriptible.
La Gaceta del Gobierno, en su edición del día 5, dice: “Jamás ha manifestado pueblo alguno más entusiasmo por su propia causa: nunca ardió tan viva y tan pura la antorcha de la causa de la santa libertad. En tan augusto momento ha manifestado el pueblo de Lima que es acreedor al goce de los bienes que la Independencia les promete”.
El 12 relata: “El pueblo electrizado venía en todas direcciones a la Plaza Mayor: ¡Viva la Patria!, ¡armas! y ¡mueran los enemigos!, era el único grito que se oía. Cada cual tomaba piedras, palos, machetes y toda clase de instrumentos domésticos, fabriles y de labranza, cuando ya no había armas que repartir para su defensa”.
En el Cuadro Histórico Político de la Capital del Perú, Félix Devoti relata: “¡Venganza y libertad! resonaban las calles por todas partes. Los ancianos mismos y los niños lo repetían. Todos pedían armas, todos se disputaban la preferencia, mientras que el sexo débil ordenado en la plaza, como si hubiese sido de antemano disciplinado y esgrimiendo en alto sus puñales, clamaba participar y juraba verter toda su sangre antes que permitir que el aborrecido enemigo volviese de nuevo a profanar sus hogares”.
Al retirarse los realistas, el Protector expresó su reconocimiento a los habitantes, y proclamó: “Peruanos, vuestro destino es irrevocable, consolidado por el constante ejercicio de las virtudes cívicas que habéis demostrado en época de conflictos.”
Luego, cursó una carta al presidente José de la Riva Agüero, en la que agradece… “a los beneméritos individuos que tanto se distinguieron en los días que el enemigo amenazó esta capital”, y determina… “que la capital del Perú se denomine en adelante La Heroica y Esforzada Ciudad de los Libres”. El alcalde de Lima Isidro de Cortázar y Abarca la difundió por toda la ciudad. Pero el título se mantiene en las sombras.