Opinión
Gerente de Desarrollo de Capacidades y Rendimiento de la Autoridad Nacional del Servicio Civil-Servir
La relación de las personas con el servicio público se inicia desde el momento mismo de su nacimiento, cuando los padres acuden al registro civil a inscribirlas y se mantiene a lo largo de toda la vida: el pago de tributos, la atención por medio de los servicios de salud, la defensa de sus derechos como consumidor, la licencia para un negocio, el matrimonio –y eventualmente, el divorcio– y un largo etcétera. Con ocasión de la celebración, vale la pena hacer una reflexión en torno a qué características deberían tener quienes integran el servicio público, hoy llamado función pública o servicio civil.
Para ello, dispondremos del denominado Enfoque por Competencias. La palabra competencia es polisémica; es decir, tiene varios significados. Entre otros, se usa cuando un negocio, de igual rubro, aparece en una misma cuadra. También se utiliza en el ámbito de la descentralización como sinónimo de funciones. Así, por ejemplo, el Gobierno Nacional ha transferido diversas ‘competencias’ a los gobiernos regionales.
En la gestión de personas se denomina competencia a aquellas ‘conductas observables que generan desempeños laborales exitosos’. Si bien el término aparece por primera vez en una revista norteamericana especializada en psicología en 1959, en 1973 McClelland demuestra que los expedientes académicos y los tests de inteligencia resultaban insuficientes para ‘predecir’ con fiabilidad la adecuada adaptación del desempeño de una persona a los problemas de la vida cotidiana y, en consecuencia, el éxito profesional.
Para Unesco (1977), cada acción o comportamiento de una persona traduce un ‘sustrato integrado’ conformado por sus valores (saber ser), sus conocimientos (saber-saber), sus destrezas y habilidades (saber hacer) y la empatía (saber relacional o saber convivir). Así, por ejemplo, un servidor civil con competencias del área de atención al ciudadano brindará servicios correspondientes a sus valores, como responsabilidad, excelencia, respeto y vocación de servicio.
Además, no solo conoce bien sus funciones (saber), sino que sabe cómo orientar mejor al ciudadano que requiere su atención (saber-hacer). Todo ello en un marco cordial en el que es capaz de ponerse ‘en los zapatos’ del ciudadano, sensible frente a situaciones que lo requieren, por ejemplo, personas de lenguas distintas.
En el Día del Servidor Público, hoy servidor civil, reconozcamos a un millón 400,000 peruanos que decidieron desarrollarse profesional y laboralmente en el servicio público. Agradezcamos a los servidores que promueven y disfrutan de trabajar en equipo, con vocación de servicio y orientados a resultados; logrando así no solo servicios públicos de calidad que los peruanos requieren y merecen, sino también un espacio laboral para su desarrollo constante.