• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

En confianza

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César Bolarte. integrante del grupo Los Doltons“Más me gustaba el marketing que la música. Hubiera sido primera guitarra, pero por flojo no aprendí la técnica de mi primo Walter Bolarte”.

“Estoy aprendiendo a caminar”

Secuelas de accidente en el que falleciera guitarrista de agrupación aún perduran. Banda musical nacida en Breña cumple 51 años de fundada.

–¿Cómo es que se inicia la segunda etapa de la vida de Los Doltons?

–Los Doltons se separaron a mediados de 1971 y se volvieron a juntar en 1975 con un nuevo disco que no tuvo mucha acogida, porque la voz de César Ichikawa había cambiado, pero en 1985 hubo acá una ‘onda registro’. Mi hermano Fernando, baterista del grupo, había formado una banda llamada Remembranzas, que tocaba canciones de artistas de los años 60. Cuando empieza este boom de la música del recuerdo, quiso volver con Los Doltons, mas ninguno de ellos quiso acompañarlo.

–¿Qué es lo que recuerda de esa época?

–Fernando me dijo que recordaba que mandé a hacer 500 fotos de Los Doltons para que cuando fueran al programa de televisión Cancionísima firmaran autógrafos a las fanáticas. Como no tenían papel en el que pudieran hacerlo, esas fotos les servían. Pensaron que era muy buena idea. A Fernando también le había gustado lo que hacía con mi grupo Los Jaguars, al que promocionaba con tarjetas que mandé a hacer.

–¿Cómo empezó su banda?

–Tres de nosotros éramos hermanos de Los Doltons. Al inicio, ellos nos prestaban sus equipos. Tocábamos música instrumental y grabamos un disco de larga duración y varios de 45 RPM. Duramos cuatro años. Terminamos porque el baterista, Abel La Torre, y el bajista, Roberto Bolarte hacían la palomillada de sacar por la noche los equipos que habíamos comprado para no depender tanto de Los Doltons y se iban a tocar gratis para las “costillitas” de Breña.

¿Qué tanto ha marcado la historia de Los Doltons el accidente automovilístico que tuvieron en 2006?

–Mucho. Hasta ahora no puedo caminar normalmente. Eso fue en 1996; fuimos a Arequipa a tocar al Hotel Internacional, y en vista de la tremenda acogida que tuvimos nos quedamos para hacer una fecha más en Ilo dos días después, pero el empresario nos pidió también ir a Tacna, así que pedí una cúster y dos choferes. Lo que me dieron fue una camioneta station wagon y un chofer que manejaba a 160 kilómetros por hora en plena carretera.

–¿Por qué ocurrió el accidente?

–Tocamos en Tacna y tuvimos éxito, y enrumbamos hacia Ilo para actuar pasada la medianoche. Lo hicimos, y nos fuimos a las tres de la mañana, supuestamente a un hotel, pero el organizador, que era el mismo chofer que nos llevaba, nos dijo que no había conseguido hospedaje y que nos iba a llevar de frente al aeropuerto de Arequipa para que regresáramos a Lima. Se lo reproché, y como lo vi haciendo un gesto de somnolencia, le dije que yo manejaría hasta donde pudiera mientras él descansaba. Conduje tres horas entre la neblina, hasta que dieron las siete de la mañana, y llegamos a un restaurante donde vendían caldo de gallina, así que desperté a todos, pero comer eso le dio más sueño al chofer.

–¿Cómo es que usted se salvó?

–Un dolor me despertó. El carro había chocado con otro, rebotó y se fue al borde del precipicio, chocó con la baranda y rebotó nuevamente hacia el cerro. Mi hermano y los demás miembros del grupo vieron todo desde atrás y bajaron llorando. Les dije que no lloraran y patearan la luna para sacarme, porque el carro iba a explosionar. El chofer pedía auxilio, pues su brazo estaba atrapado. El timón se había corrido hasta mi cara. El tecladista estaba colgado atrás, sobre el asiento, sangrando. Tuvieron que romper los vidrios para sacarnos. Warren Suárez, el guitarrista, chocó su cabeza con un fierro del chasis de la jaula de la camioneta y murió automáticamente. En el otro carro, de cinco personas, cuatro fallecieron. Toda una familia.

–¿Cómo se va recuperando de ese accidente?

–Me reconstruyeron la columna, y continúo en rehabilitación. Por eso camino con dificultad. Me advirtieron que en unos años me vendrían las secuelas, y así fue. Se me aflojaron las vértebras. Al ocurrir esto, estas chocan con los nervios. Luego de que me operaron, me demoraron el proceso de rehabilitación en el Seguro Social, hasta que un neurólogo en una clínica me examinó y me dijo que iba a volver a caminar. Y en eso estoy. He partido desde cero para volver a aprender a caminar, pero mientras tanto, seguimos tocando con Los Doltons.