• DOMINGO 3
  • de mayo de 2026

Con vocación

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Katherine Castillo Mormontoy

La lealtad y el compromiso la acompañan

Mayor del Ejército disfruta comandar y comprobar que puede superar sus límites.
“Siempre asumí compromisos, cumplí plazos y enfrenté retos para que a la tropa no le falte nada, cueste lo que cueste” .

Su vocación fue casi biológica. Su padre, un héroe del Cenepa, militar actualmente en retiro, fue un ejemplo por seguir. Katherine Castillo Mormontoy eligió ser oficial del Ejército, en una época en que las mujeres aún tenían espacios vedados para crecer. Casi dos décadas después de su ingreso, sabe que mediante la labor militar expresa su amor más profundo por el Perú.

Actualmente tiene el grado de mayor, y desde hace un año asumió la función de jefa de la Compañía Intendencia, del Batallón Comando de Servicios N° 503. En tiempos de paz tiene a su cargo la distribución de alimentos, útiles de aseo, equipos de trabajo y formación del personal de tropa al que debe llegarle todo en buenas condiciones y a su tiempo.

“Hace un año aseguro que más de 2,500 soldados, entre hombres y mujeres, acuartelados por dos años, cadetes o alumnos de las escuelas de formación militar, técnica e investigación, sean instruidos con las exigencias de su formación. Es una gran responsabilidad para mí, y un reto porque recién las oficiales de la primera promoción mixta estamos asumiendo el grado de mayor”.

Tomando decisiones

Sus tareas en época de guerra, tienen que ver con el rigor del apoyo logístico: el rancho, prendas, combustibles y víveres tienen que llegar en el momento para que los combatientes enfrenten las cruentas batallas. Felizmente, aún no le ha llegado enfrentar una.

A Katherine, el Ejército no la ha convertido en una Sara Connors, personaje de la saga de la película Terminator, que blande armas mortales como si fueran raquetas de tenis. Lo que sí ha hecho la institución, gracias a la exigencia y disciplina, es fortalecer su voluntad, enfrentar los miedos y controlar sus emociones, experiencias que no se les enseña a las mujeres con frecuencia.

“Las personas, en general, pueden dejar de tomar decisiones por temor, pero en el Ejército es imposible, ese sentimiento hay que superarlo porque tenemos que asumir riesgos para resolver conflictos y situaciones en que se juega la vida y la muerte”, cuenta.

Infantería y maternidad

Katherine ingresó al Ejército con el deseo de ser infante, como lo fueron su abuelo, su padre y hermano. Poner el pecho en la batalla, era su misión. Pero valgan verdades, comenta, ser de la infantería es muy duro para las mujeres, pues a los de esa especialidad los envían hacia zonas de frontera o de difícil acceso en el Perú. Por eso la institución aún no las incluye en esta arma.

De las 50 féminas que ingresaron con ella, 34 continuaron con la carrera. No es fácil armonizar ambos compromisos, reconoce. Y si el Ejército fortaleció su voluntad, con la maternidad descubrió la capacidad de sacrificio que puede tener una mamá.

“Uno se vuelve una leona”. A sus 36 años siente que tiene mucho por delante. Su hija de 11 años, su hijo de 3, el hogar que formó hace doce años con su pareja son su soporte existencial. El que sus padres le dieron, la acompaña todavía: el valor a la lealtad y el compromiso.

La mayor Castillo quiere que cada peruano y peruana sepa que en el Ejército se entrenan y se preparan para darle bienestar a la población. Todo el trabajo es para el país, manifiesta emocionada. Somos hijos del Perú, no es cierto que exista una sociedad civil y otra militar, agrega. Honor a la soldado.

Hoja de vida

Estudié Diplomado en Proyectos de Inversión Pública en la U. del Pacífico (2015).

Antes una Maestría en Gestión y Desarrollo en el Instituto Científico y Tecnológico del Ejército (2014).

En 2011 concluí un Diplomado en Gestión Pública en la U. San Martín