Central
La historia de la composición de este libro se remonta a la década anterior; sin embargo, sus alcances se expanden hasta 1882. En ese año del siglo XIX, el escritor Pedro Paz Soldán y Unanue, bajo el seudónimo de Juan de Arona, escribía el prólogo al primer repertorio de vocablos peruanos. Él afirmaba que el suyo era un listado de palabras de origen criollo o “corrompidas del español”. Su publicación se lanzó con el nombre de Diccionario de peruanismos.
En ese entonces, el Perú estaba en medio de una guerra en la que íbamos perdiendo; perdiendo de tal modo que nuestra capital sobrellevaba la invasión de un ejército. El libro de Juan de Arona era, quizá, una forma de defender lo que nos quedaba: desmembrados los territorios y arrasados los bienes, nos asegurábamos las palabras con que nos hablamos. Los otros dos países involucrados en el conflicto, Chile y Bolivia, mantenían en común con el nuestro la sangre, la pólvora y la muerte, aunque también la preocupación por afianzar la identidad nacional de su léxico.
En el prólogo de 1882 a su Diccionario de peruanismos, Juan de Arona anunciaba la salida de un diccionario de chilenismos y otro de bolivianismos. Si la Guerra del Pacífico fue un enfrentamiento que transformó el panorama con sucesos tan concluyentes como la modificación de las fronteras entre los países, también fue el escenario en que las tres naciones, y ninguna otra en Sudamérica, ampararon las características diferenciadoras de su cultura lingüística para fijarla hacia la posteridad. En medio de la derrota militar, social y política que sufrió el Perú, hubo una gran victoria: nuestras palabras, valoradas y proyectadas para el futuro.
Sofisticación académica
El Diccionario de peruanismos que acaba de lanzar la Academia Peruana de la Lengua, con el aporte de la Compañía de Minas Buenaventura, se diferencia de cualquier otro proyecto nacional que lo antecede porque tiene sofisticación académica, sin ser especializado, y es el resultado de un equipo interdisciplinario que contó con la dirección técnica del investigador español y notable quechuista Julio Calvo Pérez.
Decía antes que este Diccionario de peruanismos, de 2016, nuestro DiPerú, se expande hasta 1882; y es así porque recoge el léxico de nuestro país desde ese año emblemático hasta la actualidad. ¿Pero, en sentido estricto, qué es un peruanismo?
¿Qué es un peruanismo?
De acuerdo con las páginas de la publicación, se considera un peruanismo a toda aquella palabra o expresión que “sea de uso genuinamente peruano”, al margen de que se hable en nuestro territorio o fuera. Esta es la base conceptual; y con esta base se acogen locuciones como “a prueba de balas” o “cierra puertas”, y vocablos como “catana” para una golpiza, “huacha” para la jugada con que metemos la pelota entre las piernas del rival, “mazacotudo” para el arroz que nos salió pegajoso o “zafra” para el movimiento de trabajadores en torno a sus cosechas. Esta última palabra, por ejemplo, la emplea el poeta José Watanabe en un verso de “El guardián del hielo”, donde dice:
Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
Las entradas del Diccionario de peruanismos de la Academia Peruana de la Lengua están organizadas en orden alfabético; las miles de palabras que contiene llevan su significado y acepciones, y al final de cada una se añade un texto que enseña cómo usarla. Este no es una enciclopedia, por lo cual no hay etimologías ni ilustraciones. El diccionario es una publicación que, también, es una invitación para el encuentro con nuestra forma de hablar; a su vez, está concebido como instrumento para el debate sobre la variante peruana del español.
Si bien el Diccionario de peruanismos es un documento de gran envergadura, no siempre resuelve del modo más idóneo algunos problemas. Tal vez su mayor defecto sea que varias palabras solo remiten a otras y no ahondan en la explicación, lo cual deja sin esclarecer del todo el sentido del vocablo; es el caso de la interjección popular ¡yara!, que se define meramente como “¡suave!”. Por otro lado, es destacable su tratamiento tan moderno del idioma, pues nuestro DiPerú está escrito con las normas actuales de ortografía y gramática. Se percibe un positivo afán pedagógico en cuanto a formas de redacción, las que siendo adecuadas son además vigentes.
Por último, si la máxima virtud del Diccionario de peruanismos es su mera existencia para la comunidad de lectores y de expertos, hay una virtud no estrictamente idiomática que me parece primordial: su afán inclusivo. La lectura de este libro produce una genuina satisfacción porque hay un logrado intento de evidenciar nuestra multiplicidad cultural y lingüística; son páginas en las cuales nos podemos sentir representados y, desde ahora, propiamente presentados.
Algunos peruanismos recogidos en el volumen:
apapachar. tr. «coloq.». Abrazar cariñosa y prolongadamente. Tú llorando sobre su hombro, atragantándote con tu propio llanto, y ella palmeándote la espalda, como si fueras un niño al que hay que apapachar porque está deprimido.
charqui. m. Carne salada, expuesta al sol para que se seque y conserve. Es un plato peruano por los cuatro lados, con el olluquito, que es oriundo del Perú, y el charqui ni qué decirlo, sabroso y muy representativo de la comida peruana.
gafera. f. «coloq.». C. N.Tontería, dicho o hecho tonto. Para hablar solo gaferas es buena la vieja.
fruna. f. Golosina con sabor a frutas que se mastica hasta consumirse. Evita golosinas pegajosas durante todo el tratamiento (turrones, tofis, frunas, masmelos, chicles).
descuajeringado, da. adj. <Dicho de una persona> Descuidado en su aspecto y su vestir. 2. <Dicho de un objeto> Maltratado, en mal estado. Es el tercer bimestre que regresa a casa maltrecho, con la camisa hecha un desastre y una larga lista de papeletas sin firmar en la mochila. La señora Gloria se ha cansado de verlo llegar tan descuajeringado a la hora de almuerzo.
(*) Juan Manuel Chávez (Lima, 1976) es autor de las novelas La derrota de Pallardelle y Ahí va el señor G, así como del libro de ensayos Limanerías. Es columnista de la revista SoHo y dirige la secuencia sobre libros “La dieta del lector” en Radio Filarmonía.