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Fotos: Archivo Histórico del Diario Oficial El Peruano
Le llaman garbo. Y Nora Edith Barr siempre lo tuvo. Con acierto, el periodista y libretista chalaco Juan Malborg Ratto la bautizó como “La Flor Morena de la Canción Criolla”.
Su voz se encargó de inmortalizar versiones de valses y marineras como “Limeña” y “La flor de Lima”, de Augusto Polo Campos; “La flor de la canela”, “José Antonio” y “Bello durmiente”, de Chabuca Granda; “Indio” y “Viva el Perú y sereno”, de Alicia Maguiña; “Dos extraños”, de Mario Cavagnaro; “Solo soy una canción”, de José Escajadillo, “Nuestro secreto”, de Félix Pasache, y la lista sigue.
Primeros micrófonos
A los 13 años, inició su carrera musical debutando en Radio Nacional del Perú, donde Alicia Duarte la seleccionó entre las nuevas voces del cancionero criollo. Y debutó acompañada del piano del maestro Filomeno Ormeño.
“Esta niña será una gran intérprete”, había predicho el empresario Juan Silva Villacorta. Edith tenía garbo, ya lo dijimos, pero también el miedo escénico –lo contaría décadas después en las entrevistas. En su caso se manifestaba olvidando ligeramente algunas letras, pero lo trabajaba tan sutilmente con su amplia sonrisa, que la ausencia de ciertas oraciones no se hacía notar.
De La Victoria
La muchachita espigada vino al mundo octomesina, el 1 de junio de 1936. Nació en la cuadra 5 de la avenida Bolívar, en el distrito de La Victoria.
Era una de los cuatro hijos del réferi Guillermo Barr, un ancashino pelirrojo, que se casó con la chinchana Juana García, quien cantaba valses y marineras mientras hacía las labores del hogar.
Sobrina del bolerista Gonzalo Barr, cuando vestía los pantalones de escolar se enamoró de la música criolla. A los 10 años fue reina del centro musical Victoria y luego empezó a escaparse del colegio Divino Maestro, para ir a las emisoras radiales y escuchar a los artistas de la época, con la venia de su abuela materna, Dionisia, quien vio talento en la nieta.
Canciones y giras
Edith Barr grabó 32 elepés, amén de discos compactos y 300 discos de 45 rpm. El primero de todos fue “Puñaladas”, vals de Emilio Peláez Montero, que registró cuando tenía solo 17 abriles.
La “Flor morena” actuó en los mejores escenarios del globo: el Hotel Waldorf Astoria de Nueva York, la cadena NCB de Boston, Fontainebleau de Miami, El Patio, en México, el Tequendama de Colombia, el Tamanaco de Venezuela… Fue contratada para la inauguración del canal 13 de Buenos Aires.
En Lima condujo programas en los canales de televisión 4, 5 y 9. Su programa más famoso fue La revista de Edith. También fue artista exclusiva por siete años del entonces famoso Grill del hotel Bolívar y aprendió del propio “Chucho” Navarro a cantar boleros. Si hablamos de codearse de famosos, también cantó junto a otro mexicano universal, Javier Solís.
Varios adioses
Como un personaje bryceciano, Edith Barr se retiró varias veces de escena. La primera, en 1971, ofreció un concierto de despedida en el Teatro Segura. Se había casado con el ejecutivo catalán Alberto Salvany e impuso la familia al arte, así fue con el esposo por Argentina, Uruguay, Venezuela. En las esporádicas veces que volvía a Lima, cantaba.
A inicios de los años ochenta vuelve al Perú. En 1982 se divorcia de Salvany, tras 16 años de matrimonio y una hija. Luego contrae segundas nupcias con el empresario siciliano Salvattore Battaglia, con quien abre La casa de Edith, en la avenida del Ejército, Miraflores. El local se convirtió en uno de los escenarios favoritos del jet set limeño.
Después de desilusionarse del amor, en una gira por Estados Unidos conoció al empresario abancaíno Enrique Loza. Para Edith, fue el amor de su vida, pero el emprendedor falleció tempranamente.
En 1993, ella volvió a anunciar otra despedida, contaba entonces con 42 años de trayectoria. A los 45, sacó su primer disco compacto y anunció su alejamiento de los escenarios, y también tras celebrar sus bodas de oro, pero siempre volvía. “Cuando salgo al escenario y el público responde: ¡yo mato!”, decía, y ahí debe de radicar el secreto.
Reconocimientos
Edith Barr fue la única artista que cantó al papa Juan Pablo II. Le dedicó la marinera limeña “Tun tun”, de Chabuca Granda, aquel 5 de febrero, cuando el representante de la iglesia católica se reunió con miles de jóvenes en el hipódromo de Monterrico.
Además de ganar en tres ocasiones el festival de Ancón en género criollo, los reconocimientos fueron múltiples, donde resaltan la Orden al Mérito por Servicios Distinguidos en el grado de Comendador, de la Cancillería de la República, que logró en 2000, año en que la Universidad Nacional Mayor de San Marcos le rindió homenaje cuando cumplió sus bodas de oro.
También recibió el título de “Embajadora Turística del Perú”, que recibió en 1986 por el Ministerio de Industria y Turismo; o el reconocimiento de la Organización de los Estados Americanos (OEA), para esta institución actuó en su sede en Washington durante la conmemoración de los 491 años del “aniversario” del descubrimiento de América.