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  • de octubre de 2026

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Suplemento Jurídica: conoce los cambios regulatorios que necesita el Perú para diversificar su matriz energéti

Desafío regulatorio del gas natural en el Perú


Editor
Marilynn Montero

Socia de Auditoría y líder de Energía e Hidrocarburos de KPMG en el Perú


El debate sobre la transición energética global suele abordarse desde metas ambiciosas de reducción de emisiones y descarbonización progresiva. Sin embargo, para economías emergentes y complejas como la peruana, esta transición excede el loable compromiso ambiental y constituye un desafío estructural de seguridad, resiliencia y equidad. Actualmente, el Perú se encuentra en una encrucijada estratégica: cuenta con una de las matrices de generación eléctrica más limpias de la región, pero al mismo tiempo enfrenta una vulnerabilidad creciente debido a su alta concentración en la hidroelectricidad y el gas natural frente a la volatilidad climática.

El sistema eléctrico peruano depende en cerca del 90% de dos fuentes fundamentales: la generación hídrica (que representa alrededor del 58%) y el gas natural proveniente de Camisea (con 38%). Si bien esta combinación ha garantizado costos competitivos y un perfil de emisiones relativamente bajo durante las últimas dos décadas, los eventos climáticos extremos –cada vez más frecuentes, agudos y prolongados como el impacto directo del fenómeno El Niño o las sequías persistentes– han puesto en evidencia la extrema fragilidad de esta dualidad. Cuando los caudales de los ríos disminuyen sensiblemente en las épocas de estiaje, la generación térmica sustentada en el gas natural debe operar al límite de su capacidad instalada o, en escenarios aún más críticos, debe recurrirse al diésel. Esta contingencia encarece los costos marginales del sistema y expone gravemente la estabilidad del suministro para la industria y las familias. 

Integrando una matriz de energías renovables
A escala internacional, las investigaciones y publicaciones especializadas de KPMG sobre el flujo global de inversiones en la transición energética (Energy Transition Investment Outlook 2025) destacan que el capital privado destinado a activos limpios está superando con creces a los proyectos de combustibles fósiles. Dicho dinamismo alcanza cifras récord en tecnologías de almacenamiento mediante baterías de escala masiva, electrificación del transporte e infraestructura avanzada de red. Decididamente, los inversionistas globales buscan no solo metas de neutralidad de carbono, sino diversificar riesgos operativos y acelerar la adaptabilidad tecnológica. 

Para que el Perú logre capitalizar eficientemente esta corriente de inversión privada internacional, resulta imprescindible diseñar e implementar una hoja de ruta normativa clara. Dicho marco debe acelerar de forma predecible la integración de las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) –principalmente la eólica y la solar–, las cuales, pese a poseer un enorme potencial geográfico de desarrollo, continúan manteniendo una participación marginal en el parque generador nacional. 

Diversificar la matriz energética peruana no significa, bajo ninguna circunstancia, desplazar de forma abrupta las fortalezas operativas vigentes, sino complementarlas con criterio técnico e inteligencia estratégica. El gas natural debe preservarse decididamente como el gran combustible de transición e insumo de respaldo firme mientras se fortalece la capacidad de la infraestructura de transmisión y almacenamiento de energía a nivel interconectado. Paralelamente, el formidable recurso solar presente en el sur del país y la constante fuerza eólica de la costa norte ofrecen un perfil técnico ideal para mitigar los picos de escasez hídrica y descarbonizar la economía de manera eficiente. 

Tres pilares hacia la  transición energética
No obstante, para que esta transición sea verdaderamente justa debe cumplir con tres pilares fundamentales: sostenibilidad ambiental, equidad social y viabilidad económica. Una transición justa en el Perú exige garantizar que los costos del desarrollo de nuevas tecnologías no recaigan de forma desproporcionada en los usuarios finales ni profundicen las brechas de acceso a la energía en zonas rurales. Asimismo, implica planificar el impacto en las regiones productoras y alinear incentivos normativos que promuevan la competitividad industrial y el desarrollo local.
En ese contexto, el marco institucional y regulatorio peruano demanda una actualización urgente. Se debe modernizar la tramitología para simplificar las licencias y permisos socioambientales, flexibilizar las normativas contractuales, otorgar certezas al inversionista privado y acelerar las licitaciones de infraestructura de transmisión eléctrica. Del mismo modo, resulta vital instaurar esquemas competitivos de subastas que reconozcan los atributos técnicos de las energías renovables. 

Finalmente, la incorporación decidida de innovación tecnológica y herramientas de analítica predictiva será un pilar determinante para administrar de forma eficiente y transparente redes de distribución eléctrica cada vez más descentralizadas, dinámicas y variables. 

El Perú se encuentra frente a la oportunidad histórica de consolidar un modelo energético resiliente y diversificado que actúe como un verdadero motor de desarrollo sostenible. La transición energética justa no es una meta abstracta hacia el futuro, sino una decisión del presente que demanda una articulación decidida entre el sector público y el sector privado.