Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia
VIERNES 23
de octubre de 2026
Opinión
Reflexiones
La inteligencia artificial necesita administradores
Guillermo Rengifo Sandoval
Pass decano cacional del Colegio de Licenciados en Administración
Sin embargo, nos encontramos ante una transformación profunda: la evolución hacia empresas agénticas, donde sistemas autónomos toman decisiones críticas de negocio en tiempo real. Cuando un algoritmo dicta de manera autónoma las políticas de precios, la selección de talento o la asignación de capital, la empresa no solo actualiza sus herramientas; está mutando su núcleo decisorio central. Para los profesionales de la administración en América Latina, este fenómeno representa un desafío histórico que no puede delegarse en los departamentos de sistemas.
La automatización sin una gobernanza estratégica puede generar desorden, opacidad y riesgos. Por ello, la ciencia de la administración debe orientar la tecnología hacia objetivos estratégicos, principios éticos y rentabilidad sostenible. La ventaja competitiva no reside en las herramientas comerciales de inteligencia artificial, accesibles a cualquier empresa, sino en la capacidad de integrar algoritmos, datos confiables, innovación institucional y criterio gerencial para alcanzar resultados sostenibles y diferenciadores.
Para operacionalizar esta ventaja es imperativo configurar la Red de Gobernanza Administrativa de la Inteligencia Artificial (RGA-IA) como un órgano interdisciplinario en la cúspide de la estructura organizacional, liderado por profesionales de la administración. Esta red debe articular de manera integrada las cuatro funciones del proceso administrativo adaptadas a la era digital. En primer lugar, la planificación algorítmica, con el fin de establecer fronteras éticas y límites de riesgo, determinando los niveles de autonomía de las máquinas. En segundo lugar, la organización híbrida, con el propósito de que rediseñe las líneas de comunicación y conecte al ingeniero técnico con el sistema de valor del negocio. En tercer lugar, la dirección, para guiar a los equipos de conocimiento y mitigar así la resistencia cultural y fomentar el pensamiento sistémico. Y finalmente el control homeostático, conseguido a través de auditorías continuas que midan el retorno real de la inversión y corrijan desviaciones.
Este último punto es crítico en nuestra región, caracterizada por mercados con alta informalidad laboral, volatilidad institucional y profundas brechas en datos históricos. Alimentar un modelo autónomo con información sesgada acelera el caos corporativo. Ante un cambio abrupto en las variables macroeconómicas o regulatorias locales, la RGA-IA define los protocolos bajo los cuales un administrador humano debe aplicar un bypass o anulación sobre la decisión automatizada para garantizar el equilibrio dinámico entre la organización y su ecosistema.
La IA y la era agéntica no desplazan la vigencia de las teorías clásicas de la administración (sistemas, contingencias y recursos); al contrario, las rescatan de la abstracción para convertirlas en herramientas urgentes de supervivencia corporativa. Los administradores debemos abandonar el rol de meros usuarios o espectadores tecnológicos. Nos corresponde asumir el liderazgo de la gobernanza algorítmica para asegurar que el avance tecnológico se traduzca en resiliencia institucional, eficiencia económica y responsabilidad social ante las profundas desigualdades de nuestro entorno.