Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia
  • JUEVES 22
  • de octubre de 2026

Editorial

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Menor riesgo país atrae inversión

Transformar esa solidez financiera en un motor tangible de crecimiento con sostenibilidad, inclusión laboral e institucionalidad sólida es la tarea impostergable

Como lo expuso la economista Liliana Rojas-Suárez en un foro organizado por Credicorp, el Perú proyecta una menor percepción de riesgo relativo frente a otros pares latinoamericanos. Esta estabilidad se refleja con claridad en la curva de rendimiento de sus bonos soberanos en dólares, cuyo margen de riesgo apenas sufrió variaciones sustanciales ante las turbulentas sacudidas externas.

Tal fortaleza no responde al azar ni a circunstancias fortuitas, sino a pilares disciplinarios consolidados con firmeza durante los últimos años. En primer lugar, la sólida acumulación de reservas internacionales actúa como un escudo protector indispensable en un contexto global carente de prestamistas de última instancia en moneda extranjera.

A ello se suma la responsabilidad fiscal posterior a la emergencia sanitaria, terreno en que el país corrigió desequilibrios con mayor oportunidad que vecinos como Colombia o Brasil. Esta prudencia otorgó un margen de maniobra crucial para desplegar políticas monetarias de carácter contracíclico, que permitieron amortiguar choques externos sin asfixiar el crédito local.

Sin embargo, gozar de una posición menos riesgosa no implica estar exento de vulnerabilidades profundas. La estabilidad macroeconómica representa una condición sumamente necesaria, pero insuficiente por sí sola para asegurar el bienestar colectivo.

El gran desafío es reactivar el crecimiento económico, frenado por la elevada informalidad, las barreras a la productividad y la fragilidad institucional, factores que también debilitan la confianza ciudadana. Contar con un riesgo país bajo brinda un valioso margen de tiempo, pero no resuelve automáticamente las deficiencias estructurales que entorpecen el desarrollo integral.

Las oportunidades para dar el salto cualitativo están claramente identificadas en el horizonte. El renovado interés por la inversión minera, impulsado por la demanda mundial de minerales estratégicos para la transición energética y la expansión tecnológica, ofrece una plataforma extraordinaria de progreso.

Aprovechar este impulso requiere acelerar proyectos de infraestructura, fortalecer los acuerdos sociales y garantizar un entorno de absoluta certeza jurídica. Asimismo, resulta imperativo adoptar la innovación digital para elevar la competitividad del tejido empresarial.

El panorama financiero mundial será cada vez más exigente al discriminar la asignación de capitales. El Perú no puede controlar las tasas internacionales, pero sí fortalecer los fundamentos de su economía.

La reputación de solvencia construida con esfuerzo constituye un activo estratégico que no se debe desperdiciar. Transformar esa solidez financiera en un motor tangible de crecimiento con sostenibilidad, inclusión laboral e institucionalidad sólida es la tarea impostergable. Solo así se logrará consolidar una prosperidad duradera, equitativa y con oportunidades reales para todos los ciudadanos.