Opinión
Auditor médico de Oftálmica Clínica de la Visión
La seguridad del paciente se sostiene en ese cuidado constante, incluso en los pasos que parecen rutinarios y cuya importancia suele hacerse visible cuando algo falla.
Entonces, ¿dónde empieza realmente la seguridad del paciente? Muchas veces, en detalles que pueden parecer simples: ¿se verificó correctamente su identidad?, ¿la información clínica es la correcta?, ¿se revisó el medicamento indicado?, ¿se cumplieron los protocolos antes de un procedimiento?
Estas acciones son fundamentales para reducir riesgos durante la atención. Pero el cuidado no termina allí. Una indicación clara, un seguimiento adecuado y una comunicación fluida también pueden marcar la diferencia para detectar oportunamente una complicación y actuar a tiempo.
A propósito del Día Mundial de la Seguridad del Paciente, que se celebró recientemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que aproximadamente uno de cada diez pacientes sufre algún daño durante la atención sanitaria y que cerca de la mitad de estos daños podrían prevenirse.
En 2026, la campaña está dedicada a la atención segura de las enfermedades no transmisibles, muchas de las cuales requieren tratamientos prolongados, controles periódicos y una coordinación permanente entre profesionales y pacientes.
Por ejemplo, ver bien puede dar una tranquilidad engañosa. Algunas enfermedades oculares, como el glaucoma, pueden avanzar sin síntomas evidentes en sus primeras etapas y causar daños irreversibles. En estos casos, esperar a que el paciente note una dificultad puede significar perder una oportunidad de intervenir.
Una atención segura exige evaluar los riesgos de cada persona, explicar por qué necesita determinados controles y dar seguimiento a los hallazgos. También requiere escuchar sus molestias sin atribuirlas automáticamente a la edad.
Desde los servicios de salud, debemos preguntarnos si estamos ofreciendo esa continuidad o si el cuidado queda fragmentado entre consultas, exámenes e indicaciones.
El paciente necesita comprender qué ocurre con su salud, participar en las decisiones sobre su tratamiento y saber cómo continuará su atención. Asegurar ese acompañamiento forma parte de nuestra responsabilidad. Porque detrás de cada atención está la posibilidad de seguir con sus actividades y desenvolverse con independencia.