Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia
  • MARTES 6
  • de octubre de 2026

Opinión

FOTOGRAFIA
REFLEXIONES

Tolerancia


Editor
Rubén Quiroz Ávila

Decano de Ciencias Políticas y RR. II. de la Universidad Científica del Sur


Por eso, la tolerancia es un mecanismo esencial para mantener la salud cívica y evitar los ángulos autoritarios que funcionan como maquinarias para aplastar cualquier óptica distinta a la suya. El horizonte que todo demócrata defiende es aquel que permite un intercambio de ideas constante y enriquecedor, donde se promueve el diálogo y el necesario debate entre diversos puntos de vista. Hay quienes confunden un espacio de intercambio con la consolidación de sus sesgos ideológicos. Si los que conversan piensan igual, se incrementan las posibilidades de leer las cosas en claves despóticas. Se requiere disentir con rigor y respeto.

La vida democrática necesita de disonancias argumentadas, de diferir como una dimensión activa para consolidarla. El peligro surge cuando, por supervivencia o terror, se silencia la discrepancia. La obediencia se va convirtiendo en el estado natural de los vínculos y, con ello, en el sometimiento de la existencia ante dispositivos autoritarios. Frente al rápido incremento de esos aparatos de control, hay que fomentar escenarios de plática constante. Para comprendernos y avanzar, es ineludible persistir en el diálogo, aunque en él haya orientaciones contrarias a nuestro planteamiento.

La tolerancia es una necesidad para inquietarse con firmeza cordial y asumir la incomodidad como parte de ese ejercicio de reciprocidad epistémica. Pero hay un límite, bien descrito por Karl Popper, quien sostiene en su célebre paradoja que hay que insistir constantemente en confrontar las tesis intolerantes con evidencias y pruebas bajo lógicas implacablemente racionales. Cuando, a pesar de todo el catálogo de demostraciones y validaciones de los argumentos, el intolerante responde con violencia y linchamientos públicos, entonces se ha cruzado un límite: tolerar ilimitadamente al intolerante hace estallar la propia tolerancia.

Este es uno de los fundamentos de la democracia: la capacidad de autorregularse frente a la desinformación sistemática y defender decididamente a las personas. El profundo respeto que cada una de ellas requiere y la protección absoluta de su dignidad constituyen una frontera moral que preserva a la sociedad de aquellos que más bien quieren destruirla y desmontar cualquier forma democrática.