Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia
  • VIERNES 2
  • de octubre de 2026

Opinión

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El Niño y nuestro patrimonio

Todo indica que el FEN 2026-2027 encontrará al sector más preparado que en años anteriores


Editor
Pedro Rodrigo Falcón Sarango

Profesor de Gestión Cultural. Universidad de Piura


Al pensar en este fenómeno climático suelen venir a la mente inundaciones, pérdidas económicas y daños en infraestructura. Sin embargo, poco se visibiliza de su impacto sobre el sector cultural. En un país con una vasta riqueza arqueológica e histórica, los eventos climáticos representan una amenaza directa para el patrimonio y su gestión.

Desde la gestión cultural, el FEN es un desafío para la preservación de la memoria colectiva, la identidad nacional y los recursos culturales que forman parte del desarrollo sostenible del país. Por ello, el Ministerio de Cultura (Mincul) ha reconocido esta problemática, incorporando la gestión de riesgos de desastres dentro de su planificación.

¿Qué se ha hecho? En 2023, el Mincul aprobó la Estrategia del sector cultural para la protección del patrimonio arqueológico ante el fenómeno El Niño 2024-2026, un instrumento orientado a reducir la vulnerabilidad de los bienes prehispánicos ante el FEN. Con una proyección de tres años y seis objetivos específicos, buscaba un trabajo multisectorial para prevenir riesgos, desarrollar capacidades de respuesta rápida y fortalecer la articulación entre entidades públicas, privadas y la sociedad civil.

Ya en 2026, creó la Comisión de Gestión del Riesgo del Fenómeno El Niño, encargada de supervisar las intervenciones en zonas de peligro inminente en 2026-2027. El objetivo es proteger no solo sitios arqueológicos, sino también otros bienes culturales expuestos a lluvias, inundaciones y deslizamientos. Según cifras difundidas en medios de comunicación, cerca de 8,000 sitios arqueológicos serían vulnerables, muchos de ellos en la costa norte del país.

Hoy, existe una comprensión más clara de que la conservación del patrimonio no puede desligarse de los desafíos que impone el cambio climático. La preocupación no es menor: Chan Chan, Kuélap y el Santuario Histórico Bosque de Pómac son algunos de los sitios que el titular del sector ha señalado que están en riesgo. Frente a ello, urge un trabajo de planificación que priorice intervenciones y diseñe acciones preventivas, pensadas también a largo plazo.

La mirada actual es, sobre todo, preventiva: se han destinado 4,000,000 de soles para acciones de protección y reducción de riesgos, y se han desplegado esfuerzos junto con gobiernos regionales, municipalidades y el Indeci; además de equipos técnicos que evalúan el estado de conservación de diversos sitios arqueológicos. Aun así, cabe preguntarse: ¿será esto suficiente?

Todo indica que el FEN 2026-2027 encontrará al sector más preparado que en años anteriores, aunque el tiempo disponible para implementar las acciones previstas, tal vez, sea insuficiente. Habrá que verlo en los próximos meses.

Con todo, las medidas del sector están pensadas, sobre todo, en el patrimonio arqueológico y no debería limitarse a ello. Las emergencias climáticas, que cada vez son más frecuentes, también afectan las dinámicas culturales de las comunidades. Así, cuando una localidad enfrente inundaciones o pérdidas económicas severas, festividades, las prácticas artesanales y otros mecanismos de transmisión cultural pueden verse interrumpidos mientras la sociedad concentra sus esfuerzos en la recuperación. Esta dimensión recibe menor atención mediática, pero es indivisible del territorio y merece ser considerada.

La gestión cultural tiene, por lo tanto, el reto de integrar un enfoque de resiliencia comunitaria, promoviendo la cultura como recurso para la recuperación social. Las expresiones culturales fortalecen vínculos comunitarios, reconstruyen la confianza colectiva y contribuyen a la adaptación frente a la crisis, como ocurrió con las manifestaciones artísticas surgidas durante la pandemia de 2020.

El FEN plantea, así, oportunidades para repensar las políticas culturales incorporando sustancialmente la gestión de riesgo de desastres en los planes de cultura nacionales, regionales y locales; fortalecer las capacidades técnicas de los gobiernos subnacionales en coordinación con las direcciones desconcentradas de Cultura; desarrollar sistemas permanentes de monitoreo y seguimiento de los recursos culturales vulnerables; promover la participación comunitaria en su protección; y para reconocer el papel de la cultura como herramienta de resiliencia y reconstrucción social.