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Por ello, antes de interpretar estas conductas como rebeldía, flojera o falta de disciplina es importante observar su frecuencia, duración y el impacto que tienen en su vida cotidiana.
Renzo Villanueva, psicólogo clínico, especialista en neurociencia y educación, y gerente general de Neuro Conecta, explica que una conducta aislada no necesariamente representa un problema de salud mental o neurodesarrollo.
Sin embargo, cuando determinados comportamientos se vuelven persistentes o comienzan a interferir en el ámbito familiar, escolar o social, requieren mayor atención.
“Antes de etiquetar a un niño como distraído, flojo, rebelde o problemático, necesitamos comprender qué ocurre. El comportamiento es una forma de expresión y puede estar relacionado con diferentes factores emocionales, familiares, sociales o propios del neurodesarrollo. Observar el contexto es fundamental para saber cómo acompañarlo”, señala el experto.