Opinión
Director ejecutivo de CultiVida
El sector atraviesa un momento importante.
El Perú cerró 2025 con un récord de US$ 15,013 millones en agroexportaciones según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri). En el primer semestre de 2026, las ventas al exterior superaron la cifra de US$ 5,600 millones.
Estos resultados confirman el peso estratégico del agro para la economía nacional, pero también plantean un desafío: proteger la continuidad de este crecimiento.
Hoy, una campaña agrícola no depende únicamente de producir.
Las condiciones climáticas, la disponibilidad de agua, las plagas y enfermedades pueden modificar rápidamente los resultados.
A ello se suman las exigencias de calidad y sanidad de los mercados internacionales.
El contexto climático requiere especial atención. El Senamhi mantiene pronósticos de riesgo agroclimático para cultivos como papa, café, cacao, arroz y frutales mientras se monitorea el escenario asociado al fenómeno El Niño 2026-2027.
Los cambios en temperatura y precipitaciones pueden afectar el desarrollo de los cultivos y favorecer la presencia de determinadas plagas y enfermedades.
Frente a este escenario, la prevención debe ocupar un lugar central.
En mayo de 2026, el Senasa informó que mantiene vigilancia fitosanitaria sobre más de 1.6 millones de hectáreas, protegiendo el sustento de aproximadamente 178,000 familias agricultoras.
Estos esfuerzos muestran que la sanidad vegetal no puede abordarse únicamente cuando aparece una emergencia.
El desafío es pasar de reaccionar a anticiparnos, como activar un presupuesto extraordinario para fortalecer los programas fitosanitarios en medio de un año atípico.
Anticiparse significa, sobre todo, utilizar la información climática y fitosanitaria para tomar decisiones oportunas, fortalecer el monitoreo en campo e identificar señales tempranas.
Para un agricultor familiar, detectar a tiempo una amenaza puede significar proteger una campaña. Para una cadena agroexportadora, puede contribuir a preservar la calidad y mantener el acceso a los mercados.
En este proceso, la ciencia de los cultivos tiene un papel fundamental.
La innovación, el manejo integrado de plagas y enfermedades, las buenas prácticas agrícolas y la capacitación deben avanzar de manera articulada. Productividad y sostenibilidad no son objetivos opuestos: una agricultura competitiva necesita de ambas.
Desde CultiVida consideramos necesario fortalecer una cultura de prevención y conocimiento. La industria de la ciencia de los cultivos puede contribuir con soluciones basadas en evidencia, innovación y buenas prácticas que acompañen al productor y ayuden a gestionar los riesgos de manera responsable.
El reto no es solo producir más, sino aprender a proteger mejor lo que producimos.