• MIÉRCOLES 2
  • de setiembre de 2026

Editorial

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Invertir para crecer

“El reto para los próximos años será que ese nuevo ciclo de inversiones se traduzca, finalmente, en desarrollo y mejores oportunidades para todos los peruanos”.

El Marco Macroeconómico Multianual (MMM) 2027-2030 señala que el Perú dispone de una cartera de proyectos por alrededor de 116,000 millones de dólares con potencial de ejecución durante los próximos años. Se trata de una oportunidad importante para incrementar el stock de capital, elevar la productividad y promover nuevos polos de desarrollo fuera de Lima.

Las condiciones son favorables. El país mantiene sólidos fundamentos macroeconómicos, una amplia integración comercial y expectativas empresariales positivas, mientras los precios de los productos de exportación permanecen en niveles elevados. Aprovechar esta coyuntura permitirá atraer capitales y acelerar proyectos capaces de dinamizar las actividades económicas.

La minería constituye un buen ejemplo. El sector dispone de una cartera de 66 proyectos por más de 64,000 millones de dólares, con una importante presencia del cobre, mineral con alta demanda por la transición energética. Su desarrollo puede generar empleo, exportaciones, ingresos fiscales y encadenamientos con numerosos proveedores de bienes y servicios.

Pero un nuevo ciclo de inversiones debe tener también un impacto directo sobre las brechas que todavía afectan a millones de peruanos. La cartera de asociaciones público-privadas por adjudicar entre 2026 y 2028 comprende proyectos en salud, educación, agua y saneamiento, transmisión eléctrica e industria. Asimismo, para el periodo 2028-2030 se prevén inversiones superiores a 12,000 millones de dólares en servicios esenciales.

Esta dimensión resulta fundamental. Invertir en infraestructura económica y hacerlo en infraestructura social son objetivos complementarios. Una carretera o un proyecto energético elevan la competitividad; disponer de agua potable mejora las condiciones de vida y productividad de una comunidad; mientras que mejores escuelas y hospitales fortalecen el capital humano. Si estas inversiones llegan además a distintas regiones, contribuirán a reducir desigualdades territoriales y ampliar oportunidades.

Contar con una cartera de proyectos, sin embargo, constituye el punto de partida. El real desafío consiste en convertir ese potencial en inversiones efectivamente ejecutadas. Para ello serán indispensables estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica, reglas previsibles, procedimientos eficientes y una mayor capacidad del Estado para destrabar y acompañar proyectos sin reducir los estándares técnicos, sociales y ambientales.

El Perú dispone de recursos, proyectos y condiciones para impulsar una nueva etapa de crecimiento. Transformar esas oportunidades en inversión efectiva permitirá generar empleo, elevar la productividad y cerrar brechas históricas. El reto para los próximos años será que ese nuevo ciclo de inversiones se traduzca, finalmente, en desarrollo y mejores oportunidades para todos los peruanos.