Opinión
Periodista
Su bisabuela materna, es decir, mi tatarabuela, fue una esclava que trabajó en una hacienda ubicada en la provincia de Chincha, en la región Ica, conocida por su profunda cultura afroperuana. Hasta el día de hoy, doña Eva Sheen Pérez, mi madre, desconoce su afrodescendencia.
Recuerdo vivamente un episodio de mi adolescencia. Mientras revisaba las fotografías familiares, encontré la imagen de un hombre negro con un sombrero tipo bombín, tomada a inicios del siglo XX. Sorprendida, le pregunté a mi mamá quién era. Ella miró de reojo la fotografía y no me respondió.
Volví a preguntarle quién era. “Tu tío Julito”, me respondió con cierto desdén. Era el hijo mayor de mi bisabuelo. Quedé en shock. No entendía qué relación tenía aquel hombre conmigo, porque desde muy pequeña había escuchado decir a mi papá que nosotras éramos descendientes de virreyes.
Esa escena quedó sin procesar en mi memoria. Años después, luego de entrevistar a una profesora del colegio Teresa González de Fanning para la página Con Vocación, que tenía a mi cargo en El Peruano, recién asumí que por mis venas también corría sangre de raíces africanas.
La maestra Celia Grados Santibáñez había ganado en 2015 el concurso de Buenas Prácticas Docentes, convocado por el Ministerio de Educación, por enseñar el valor de la cultura afroperuana en el curso de Formación Ciudadana y Cívica. Ella tampoco se reconocía como negra, sino como “sacalagua”. Sin embargo, fue en 2012, mientras se preparaba para dictar el curso, cuando cambió su manera de verse: “Dejé de ser una hoja al viento y eché raíces”.
La discriminación y los prejuicios raciales afectan nuestra autoestima, sin duda. Pero, sobre todo, hieren la manera en que nos percibimos a nosotras mismas.
La escritora y activista afroamericana Maya Angelou, autora del libro que la hizo famosa Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, afirma en otra de sus publicaciones igualmente importante: “He aprendido que las personas olvidarán lo que dijiste, olvidarán lo que hiciste, pero nunca olvidarán lo que les hiciste sentir”. Si aquello que te dijeron te hizo sufrir, conviértelo en coraje.
El Día Internacional de los Afrodescendientes se conmemora cada 31 de agosto. Este año, la Asamblea General de las Naciones Unidas lo hace bajo el lema “Ampliar los derechos humanos de las personas afrodescendientes”. Empecemos ahora: aceptemos nuestras raíces.