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  • de agosto de 2026

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Entidades globales de riesgo brindan recomendaciones para mejorarla

Calificación crediticia del Perú puede fortalecerse


Editor
Miguel De la Vega Polanco

Periodista

mdelavega@editoraperu.com.pe


El grado de inversión forma parte de dos grandes categorías utilizadas por las calificadoras internacionales para determinar la solvencia de un país al afrontar sus obligaciones crediticias; la otra es el grado especulativo. A su vez, cada categoría posee diferentes niveles con tres tipos de perspectivas: negativa (que puede descender), estable (que se mantiene) y positiva (que puede mejorar).

Alcance

Entre las ventajas de contar con el grado de inversión destacan el menor costo de financiamiento en los mercados internacionales, un mayor atractivo ante la capitalización extranjera y un menor nivel del riesgo país. Esto fortalece la posición de la nación ante choques externos, entre otros impactos positivos.

Así, las emisiones de bonos de las naciones con grado especulativo pagan una mayor tasa de interés por ser consideradas de riesgo elevado. En cambio, las de grado de inversión ofrecen mayor seguridad y una tasa menor, lo que genera ahorro.

La calificación crediticia del Perú no siempre estuvo en el grado de inversión. Tras las reformas económicas de la década de 1990 la macroeconomía nacional mejoró, lo que permitió avanzar en el escalafón dentro del grado especulativo.

En 2000, a punto de iniciar el presente siglo, el Perú ya había avanzado considerablemente en términos macroeconómicos.

Con un producto bruto interno (PBI) de 51,700 millones de dólares, exportaciones por 7,000 millones y reservas internacionales netas (RIN) por 8,100 millones, la nación ostentaba la calificación a largo plazo en moneda extranjera de “BB” por parte de S&P y Fitch; y en 2003, Moody’s le asignó “Ba3”.

Todos estos niveles se situaban dentro del grado especulativo, pero en el escalón superior de esa categoría y cercanos al grado de inversión.

Expectativas

Para 2008, la economía peruana alcanzaba un PBI de 120,550 millones de dólares, exportaciones por 31,500 millones de dólares y RIN por 31,000 millones de dólares.

Fue en ese año cuando S&P y Fitch elevaron la calificación crediticia del Perú en moneda extranjera al primer peldaño del grado de inversión, con “BBB-”; al año siguiente, en diciembre de 2009, Moody’s le confirió el grado de inversión en “Baa3”.

Desde entonces, el país goza del grado de inversión, salvo algunos retrocesos en los peldaños y cambios de perspectivas, debido a la inestabilidad política y la erosión de la fortaleza fiscal ante las erogaciones ejecutadas para enfrentar la pandemia del Covid-19.

En la actualidad, nuestro país cuenta con la calificación “BBB” por parte de Fitch Ratings, “Baa1” otorgada por Moody’s Ratings y “BBB-” emitida por S&P Global Ratings, todas dentro del grado de inversión.

¿Qué hacer para mejorar? El vicepresidente del Grupo de Riesgo Soberano de Moody’s Ratings, Renzo Merino, señaló que el foco debería estar en tres frentes: reforzar la estabilidad institucional, mantener la disciplina fiscal y mejorar el clima de inversión.

“En concreto, sería importante reducir trabas regulatorias, acelerar permisos para proyectos mineros y de infraestructura, mejorar la eficiencia del Estado, combatir la corrupción y preservar la independencia del Banco Central de Reserva (BCR)” comentó.

“Las fortalezas fiscales y económicas del país siguen siendo un apoyo para la calificación de Baa1 del Gobierno, mientras que debilidades estructurales en el marco institucional y la inestabilidad política observada en la última década pesaron en su momento sobre el perfil crediticio”, explicó Merino al Diario Oficial El Peruano.

“Para fortalecerlo, no solo bastaría con consolidar las fortalezas de la nación, sino también abordar las falencias institucionales. Creemos que esto tomaría tiempo, por lo que, en el corto plazo, no anticipamos ningún cambio en la calificación”, indicó el especialista.

Por su parte, el director de Sovereign Ratings en Fitch Ratings, Jordy Juvera, refirió que el perfil crediticio del Perú (BBB/Estable) se mantiene sustentado en una sólida liquidez externa, un historial de estabilidad macroeconómica y un marco de política disciplinado.

El ejecutivo enfatizó que Fitch considera que el progreso en tres áreas clave “es fundamental” para la trayectoria de la calificación del Perú.

Lo primero es mejorar la gobernabilidad y lograr una reducción sostenida del riesgo político, con inclusión de una mayor cooperación legislativa y el fortalecimiento institucional. El segundo aspecto consiste en asegurar un retorno duradero al cumplimiento de las normas fiscales, además de reducir la trayectoria del déficit hacia los objetivos de mediano plazo establecidos.

El tercero, explicó Juvera, consiste en fomentar un crecimiento económico superior y sostenido, respaldado por una menor incertidumbre política y avances significativos en las reformas estructurales, incluidas las que facilitan la inversión.

“En conjunto, el progreso en estos frentes fortalecería los fundamentos crediticios del Perú a mediano plazo”, subrayó Juvera.

A su turno, el director asociado de S&P Global Ratings, Patricio Vimberg, refirió que la inestabilidad política, el deterioro de los grandes ahorros en los fondos de pensiones del sector privado y el creciente gasto fiscal llevaron a la agencia a rebajar la calificación a largo plazo en moneda extranjera para el Perú en dos escalones desde 2021, de “BBB+” a “BBB-”.

Sin embargo, ahora la calificación tiene perspectiva estable, basada en la proyección de un incremento económico cercano al 3% anual durante los próximos dos años y en una consolidación fiscal gradual, a pesar de las presiones sobre las cuentas públicas.

“Esperamos que la credibilidad de la política monetaria y la sólida posición externa de la nación sigan siendo fortalezas clave para la calificación”, afirmó Vimberg.

“Podríamos elevar la calificación si condiciones políticas más estables respaldan una ejecución eficaz de las medidas que impulsen la inversión y las perspectivas de crecimiento económico”, indicó.

“Asimismo, una mayor reducción de la deuda externa neta o el fortalecimiento de su perfil podrían conducir a una mejora de la calificación”, puntualizó.

Déficit fiscal

El déficit fiscal es una de las variables que monitorean las calificadoras para determinar la capacidad de pago de un país. Moody’s Ratings espera que el nuevo gobierno mantenga un compromiso con la disciplina fiscal. ”Perú parte de una posición relativamente sólida: la deuda pública está cerca del 30% del PBI, hay colchones fiscales, aunque hoy son más bajos que en el pasado, y un banco central creíble”, enfatizó Renzo Merino.

También refirió que los mayores ingresos asociados a los precios de los metales ayudan a tener un menor déficit, sin embargo los riesgos vienen por presiones de gasto, normas que aumentan obligaciones rígidas y el fenómeno El Niño.

Por su parte, Jordy Juvera de Fitch Ratings refirió que la inestabilidad política no ha frenado el progreso de la consolidación fiscal de Perú, impulsada por los ingresos, que se ha visto respaldada por los elevados precios del cobre y el oro, una actividad económica favorable, un crecimiento moderado del gasto y factores puntuales como la regularización extraordinaria del impuesto sobre la renta.

Advierte desafíos fiscales con presiones de gasto por normas aprobadas en el Legislativo, lo que dificulta que se logre la meta del déficit fiscal del 1.8% del PBI en 2026 y del 1.4% en 2027.

“Fitch prevé que los déficits se mantengan en torno al 2% del PBI a corto plazo. Dicho esto, Perú conserva un margen fiscal significativo. La deuda pública se mantiene baja, en aproximadamente el 29% del PBI, muy por debajo de la mediana del 57% de los países con calificación BBB, lo que proporciona un margen considerable para absorber un posible desajuste fiscal a corto plazo sin comprometer sustancialmente la solvencia crediticia”, afirmó.