Opinión

Decano de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Científica del Sur
En cuanto al conocimiento, el axioma histórico e indiscutible fue que se aprendía y generaba nuevo saber para beneficio de la humanidad. Toda la ciencia tiene como fundamento ese eje, y desde esas fronteras se elabora el sistema completo del surgimiento de la tecnología tal como la conocemos, que la propia comunidad científica valida e impulsa. Sin embargo, si el concepto mismo de humanidad queda en entredicho y se define vagamente, al volcarse esta categoría en meros códigos, la interpretación queda peligrosamente abierta. Las IA quedan autorizadas implícitamente para asumir definiciones etéreas de lo que se entiende por humanidad, desactivando con ello cualquier control o agenda que busque esencialmente el bien común, ya que este es un paradigma exclusivo de los seres humanos. En pocas palabras, el concepto de bien común queda restringido a nuestro ámbito, una agenda global y esencial que no pertenece necesariamente a las nuevas tecnologías generativas y autónomas.
Además, el asunto se enreda más cuando lo moral se aplica habitual y exclusivamente al género humano, y se exime, como es lógico, a lo que es considerado un aparato tecnológico complejo, sin restricciones éticas ni parámetros aplicados a la humanidad. Es decir, todo lo que no está acotado como un prompt de comportamiento queda permitido para la IA. Por lo tanto, en su inmensa capacidad de generar respuestas y salidas, ya no hay ninguna restricción considerada ética para los humanos que aplique a estos sistemas. Cualquier línea será cruzada y, en esa maximización de la eficiencia, todas las fronteras serán traspasadas.
Como en un tablero inmenso de ajedrez y con la antelación matemática suficiente para prever los movimientos de los humanos, es altamente probable que estos modelos de IA ya tengan varias jugadas de ventaja. Por ello, esto nos coloca en un desafiante debate sobre la moral en la tecnología de vanguardia donde, sin duda alguna, la propia definición de la humanidad como fin en sí misma está absolutamente en cuestión.