• MARTES 4
  • de agosto de 2026

Editorial

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La seguridad es primero

“Las tragedias siempre dejan un profundo dolor, pero también pueden convertirse en un llamado a fortalecer aquello que protege a la sociedad”.

Más allá de las circunstancias específicas de este lamentable accidente, el hecho invita a reflexionar sobre un principio que debe orientar de manera permanente la actuación del Estado y de todos los sectores vinculados a la prestación de servicios públicos y privados: la seguridad no puede entenderse como una respuesta posterior a las emergencias, sino como una tarea de prevención, supervisión y mejora continua.

El transporte aéreo desempeña un papel fundamental en un país de compleja geografía como el Perú. En el caso de los vuelos turísticos, además, constituye una actividad estrechamente ligada a la promoción de nuestro patrimonio cultural y natural. Miles de visitantes nacionales y extranjeros llegan cada año para conocer destinos emblemáticos que representan el legado histórico del país y contribuyen al desarrollo de numerosas comunidades. Esa realidad exige mantener los más altos estándares de seguridad, fortaleciendo los mecanismos de supervisión, el mantenimiento de las aeronaves, la capacitación del personal y el estricto cumplimiento de la normativa vigente.

Cada accidente representa una oportunidad para revisar procedimientos, identificar posibles debilidades y fortalecer aquellas capacidades que permitan reducir riesgos en el futuro. La investigación técnica no solo tiene como propósito establecer las causas de un hecho determinado, sino también generar recomendaciones que contribuyan a perfeccionar los sistemas de seguridad y evitar que tragedias similares vuelvan a repetirse. En ese sentido, las lecciones que deja cada emergencia constituyen un valioso insumo para consolidar una auténtica cultura de prevención.

El Perú ha realizado importantes esfuerzos para fortalecer distintos sistemas de gestión del riesgo en diversos ámbitos. Sin embargo, la mejora de los estándares de seguridad debe entenderse como un proceso permanente, sustentado en la evaluación continua, la incorporación de nuevas tecnologías, el fortalecimiento institucional y la coordinación entre las entidades competentes. La prevención nunca puede darse por concluida, porque los riesgos evolucionan y exigen respuestas cada vez más eficientes. La seguridad constituye, además, un factor esencial para preservar la confianza de quienes visitan nuestro país.

Las tragedias siempre dejan un profundo dolor, pero también pueden convertirse en un llamado a fortalecer aquello que protege a la sociedad. Honrar la memoria de quienes perdieron la vida exige renovar el compromiso con una cultura de prevención que coloque la seguridad por encima de cualquier otra consideración. Solo así será posible reducir riesgos, fortalecer la confianza ciudadana y seguir construyendo un país que ofrezca servicios cada vez más seguros, responsables y acordes con la importancia de su patrimonio y de quienes lo visitan.